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Los Franciscanos del convento de Llíria¿Impulsores de la Cofradía de la Sangre? Con demasiada frecuencia se
escriben cosas sobre los tiempos pasados sin tener un sentido crítico y que sólo
son una mera repetición –en muchas ocasiones un plagio- de lo que otros han
escrito con anterioridad. Estudiar las sociedades históricas no es hacer una
descripción detallista –a veces torturadora- de los acontecimientos,
edificios, personajes y cosas consideradas curiosas, redactadas con un lenguaje
pesado que se indigesta en la segunda línea. La historia no ha de buscar la
recreación estéril y seca del pasado, sino que ha de preguntar, interpretar y
reflexionar sobre los acontecimientos pretéritos para comprender y ayudar a
avanzar en el proceso de conocimiento de la humanidad. Perdonen la breve introducción teórica, porque ya sé que no es este libro de fiestas el más adecuado para hacer estas reflexiones. Ahora bien, las considero necesarias para que entiendan cual es mi actitud cuando modestamente intento estudiar algunos aspectos del pasado de esta ciudad. LA HERENCIA DE LOS FRANCISCANOS La historia
de Llíria de los últimos siglos no se puede comprender bien si no se entiende
la influencia que sobre los llirianos ejercieron las dos ordenes mendicantes
instaladas en Llíria en la segunda mitad del siglo XVI. Como ya saben, fueron
primero los franciscanos y después los trinitarios quienes de manera temporal
se ubicaron en la “Font de Sant Vicent”, -Fuente de San Vicente-,
durante la segunda mitad del siglo XVI. Mas adelante, ya en el siglo
XVII, se trasladaron definitivamente a las puertas del casco urbano de Llíria.
Desde el primer momento, la tarea pastoral de los religiosos empezó a influir
en la vida social y religiosa de aquellos llirianos. Esta influencia que
continua hasta la exclaustración definitiva
de los frailes el año 1835, aún está presente en la Llíria actual que camina
hacia el inicio del tercer milenio. Entre las
influencias que dejaron los conventos franciscanos y trinitarios tenemos
evidentemente la difusión de sus advocaciones principales: “la Purísima”
y “la Mare de Deu del Remei”, con sus correspondientes cofradías
marianas. También cabe anotarles la división geográfica del pueblo en dos
barrios bien definidos: “la Part de Dalt o el Raval” y la “Part
de Baix”, la parte de arriba o Arrabal y la parte de Abajo. Pero, también
la formación de las dos bandas de música que junto a las cofradías heredaron
el inicial espíritu de rivalidad que poseyeron los dos conventos de
mendicantes. En definitiva los frailes aportaron el embrión para que en Llíria
existiera en el futuro un tipo de sociedad que desde la antropología social se
denomina semicomunal, que significa dividida en dos partes opuestas y rivales. Pero en este
libro “purissimer” hablaré, indudablemente, sólo de algunas
influencias que nos dejaron los franciscanos. Esta orden fue una de las que más
influyeron en la historia medieval del Reino
de Valencia. Fue también la orden más numerosa en la España rural. Un dicho
popular resume muy bien su intensa presencia: “Qui
per fra, qui per germa, tot lo mon es francisca”. “Quien por fraile, quien por hermano, todo el mundo es franciscano”
Además, cuanto más rica era una ciudad, más franciscanos habían. Esto
se observa claramente en el caso de Llíria durante el siglo XVIII, que fue una
época de esplendor económica y de aumento de población. Ahora bien, en
algunos años, como en el 1870, el convento alcantarino llegó a tener 82
religiosos y estaba considerado como una de las casas más importantes de la
provincia franciscana descalza.
La primera comunidad de franciscanos observantes que se instalaron en la
Fuente de San Vicente fue en el año 1562, en unos terrenos que les cedió la
villa. Pero 9 años más tarde la abandonaron entre otros motivos por la
insalubridad del lugar. En 1574 ocupó el Convento de San Vicente una nueva
comunidad de franciscanos, pero en esta ocasión de la rama de los alcantarinos
o descalzos. Ocho años después lo volvieron a abandonar, parece ser que por la
misma causa que los anteriores. Ya finalmente en el 1603 encontramos una
comunidad de alcantarinos habitando el nuevo convento situado a las afueras de
Llíria, en terrenos que también les cedió la villa. Esta actitud de las
autoridades municipales era normal en aquella época, ya que las ordenes de
mendicantes eran las mas solicitadas por las poblaciones para que fundaran
conventos y les prestaran sus servicios espirituales.
Pero vamos a lo que ahora más nos interesa y hablemos de las influencias
que los franciscanos ejercieron sobre la ciudad de Llíria. En el libro de
fiestas del año pasado ya tuve la ocasión de escribir sobre la fundación de
aquella Cofradía de la Purísima instituida el 8 de diciembre de 1664 en la
parroquia de la Asunción. Comentaba que la cofradía se fundó en una época de
intensa exaltación y fervor inmaculista en los diversos reinos de España, pero
que también había que tener
presente la contribución y la obra de evangelización de los franciscanos
alcantarinos del convento de Llíria. En definitiva, terminaba diciéndoles que
la actual Corte de Maria se puede considerar la heredera espiritual de aquella
tradición inmaculista de los llirianos surgida con fuerza en tiempos del
barroco. La influencia de la espiritualidad franciscana también se observa actualmente en la existencia del calvario de Santa Bárbara, construido en la “Part de Dalt o del Raval”, la zona de dominio de los alcantarinos. Hay que tener presente que la orden franciscana –como veremos después- se caracterizó por el culto a la Pasión dolorosa de Cristo. La práctica del vía crucis fue difundida por Europa por los franciscanos, que desde el siglo XIII fueron nombrados custodios de los Santos Lugares de Tierra Santa, mediante una bula del ano 1230 del papa Gregorio IX. LA FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA DE LA SANGRE DE JESUCRISTO
Personalmente considero que hay otra destacada influencia de los
franciscanos sobre los llirianos que hasta la actualidad nadie se había dado
cuenta: me refiero a la fundación de una nueva cofradía de disciplinantes
nombrada de la “Sang de Jesucrist” que ya existía en el año 1574 y
que ha llegado hasta la actualidad con el nombre de Cofradía de la Santísima
Sangre de Jesucristo, “Confradia de la Santísima Sang de Jesucrist”.
La hipótesis mía, es que esta nueva Cofradía de la Sangre, surgió como fruto
de la labor de evangelización de los primeros franciscanos observantes
instalados en la Fuente de San Vicente. Para detectar esta influencia no es
necesario que ningún documento antiguo lo
certifique textualmente, ya que si siempre fuera así, todo seria demasiado
sencillo. Simplemente entendiendo el contexto social de la época, teniendo
presente algunas fechas, releyendo algún documento y sabiendo por donde
caminaba la espiritualidad franciscana, se puede deducir que la Cofradía de la
Sangre, debe su primitiva existencia a la labor que los franciscanos ejercieron
sobre aquellos llirianos de la época del renacimiento.
La lectura de un documento del año 1574 depositado en el Archivo del
Reino de Valencia y publicado en 1973 en el libro de la Sang de Luis Martí,
ofreció algunas pistas para mi tesis. Para que entiendan mi planteamiento, a
continuación resumiré de manera breve la información que nos facilita el
documento fechado el 15 de abril de 1574. En aquella época, existía en Llíria
una cofradía que desfilaba en las procesiones de Semana Santa y que se llamaba “Cofradía
de Jesucrist”, la cual tenia la sede social en el edificio conocido como “Casa
de Jesucrist”. Esta cofradía se fundó en 1401 y estaba legalizada a
todos los efectos, con estatutos y ordenanzas aprobadas por la autoridad
competente. El documento, que como he dicho esta fechado en 1574, dice que desde
hacía unos pocos años existía en Llíria un grupo de jóvenes solteros que
tenían como finalidad disciplinarse públicamente en la procesión del Viernes
Santo. Estos jóvenes disciplinantes, se auto denominaban cofrades de una
supuesta Cofradía de la Sangre de Jesucristo. Pero los miembros de la vieja
Cofradía de Jesucristo, con menosprecio, negaban que existiera en Liria una
Cofradía de la Sangre con Casa propia y estatutos autorizados. A continuación
el documento expone un conflicto entre los de la Casa de Jesucristo y los
supuestos Cofrades de la Sangre, cuando estos últimos quisieron utilizar la
casa social de los primeros como sitio de salida para participar en la procesión
del Viernes Santo. Al final consiguieron los de la Sangre entrar por la fuerza
en la sede de la Casa de Jesucristo utilizando unas llaves falsificadas. Este
hecho motivo un pleito ante la justicia y que está recogido en el documento
nombrado. En definitiva, del citado documento, lo que más nos interesa retener
son los siguientes puntos: - Que pocos años antes de 1574 se formó en Liria un nuevo grupo de disciplinantes con la misión de participar flagelándose en la procesión del Viernes Santo. - Los miembros de esta reciente agrupación de disciplinantes se proclamaban cofrades de una nueva Cofradía con el título de la Sangre de Jesucristo. - Los componentes de la nueva Cofradía de la Sangre, no tenían casa social, ni estatutos y, por tanto, no estaban legalizados. -
Los Cofrades de la Sangre de Jesucristo no se llevaban bien con los otros
cofrades de la ya centenaria Cofradía de Jesucristo. Después de haber extraído del documento de 1574 la parte más interesante, ya se puede avanzar la hipótesis de que la formación de este grupo de disciplinantes –base de la nueva Cofradía de la Sangre- surgiría como consecuencia de los trabajos de evangelización, y en concreto de las prácticas de piedad promulgadas por los frailes del convento de franciscanos observantes instalados en la Fuente de San Vicente desde el 1562 hasta el 1571. Pero el planteamiento de esta hipótesis hay que reforzarla con más argumentos que son los que explicaré en el siguiente punto. EL CULTO A LOS TEMAS PASIONISTAS Y EL PAPEL DE LOS DISCIPLINANTES. Primeramente, hay que tener presente la primitiva vocación
pasionista de la orden franciscana. Como ya he dicho antes, los franciscanos
–que desde el siglo XIII eran los guardianes de los Santos Lugares de Tierra
Santa- se caracterizaban de manera especial por tributar un fervoroso culto a la
Pasión dolorida de Jesucristo, aunque esta práctica era común a todas las
ordenes de mendicantes. He de recordar, por ejemplo, la intensa identificación
de San Francisco con la Pasión de Cristo. Uno de los pasajes más populares de
la vida de San Francisco, es el que hace referencia a la estigmatización,
cuando el fraile padeció en su propio cuerpo el dolor que Jesucristo sintió en
la crucifixión. Esta es una de las imágenes
más típicas de la iconografía de San Francisco y se le representa en
el monte de Albernia con las cinco llagas de Cristo crucificado impresas en las
manos, los pies y en el costado. La devoción popular a las cinco llagas, también
fue difundida por los franciscanos del siglo XIII con el apoyo de diversos pontífices
que le dedicaron un día en el calendario, para que la Iglesia celebrara esta
devoción. Entre los diversos emblemas que utiliza la Cofradía de la Sangre de
Llíria está la representación de las cinco llagas que ya aparecen en estampas
antiguas. Otras veces se representa a San Francisco con una cruz en la mano o
bien arrodillado delante de Cristo en la cruz y un brazo desclavado con la
intención de abrazarlo. Esta tradición pasionista de los franciscanos se
reflejó durante la segunda mitad del siglo XV en el interés que demostraron al
fomentar de manera especial la devoción a la Cruz y a la Pasión. Entre las
devociones pasionistas que difundieron las órdenes mendicantes y de manera
especial los franciscanos, empezaba a destacar en aquella época el culto a la
Preciosísima Sangre de Jesucristo. Pero el tema de la Sangre de Cristo había
producido anteriormente una polémica doctrinal entre los dominicos y los
franciscanos. Anteriormente, estas dos ordenes de mendicantes, también
mantuvieron controversia teológica sobre la inmacularidad de María. Y ahora
nuevamente encontramos a los franciscanos y los dominicos enfrentados
doctrinalmente sobre si dejó o no la Divinidad la Sangre de Cristo derramada en
la Pasión y separada de su Cuerpo. La polémica acabó con la
intervención del Papa Pío II en el año 1464. Curiosamente fueron los
franciscanos de la rama de los observantes –los mismos que se instalaron en el
convento de San Vicente- los más destacados defensores del tema de la Sangre de
Cristo y los partidarios de las tesis del místico San Buenaventura, cuando decía
en uno de sus libros: ”el vino es imagen de la sangre que extrae del racimo,
es decir del cuerpo de Cristo, prensado por los judíos en el lagar de la
Cruz”. Es necesario decir que durante el siglo XV la
actitud y mentalidad del hombre delante de la muerte había cambiado como
consecuencia de guerras, pestes, y epidemias. Ahora la muerte es concebida de
manera más dramática, como la mayor tragedia humana. La religiosidad de esta
época se caracterizó por un misticismo popular que buscaba imitar a Cristo. Se
generalizó el culto a las “Siete Palabras de Cristo en la Cruz”, pero también
a los utensilios de la cruz, como los clavos y la corona de espinas. Como resultado de toda la difusión pasionista que hemos
observado, a partir del siglo XVI comenzaron a fundarse (muchas veces con el
apoyo de los franciscanos) las primeras cofradías de disciplinantes en la Península
Ibérica; adoptaron el nombre de Cofradía de la Sangre de Jesucristo o también
de la Vera Cruz y tenían como misión practicar regularmente la flagelación pública.
Es verdad que durante el siglo XV
ya existían en algunas ciudades del territorio peninsular cofradías con el
nombre de Vera Cruz y de la Sangre de Jesucristo. Ahora bien, siguiendo las
investigaciones del antropólogo norteamericano William Chistian y de otros
prestigiosos investigadores españoles, la constitución formal de cofradías de
disciplinantes con el nombre de Vera Cruz o Sangre de Jesucristo que tenían
como misión innovadora flagelarse públicamente en las procesiones de Semana
Santa, no aparecen documentadas en la Península Ibérica hasta el siglo XVI. Así,
la cofradía de la Sangre de Jesucristo de Valencia se instituyó en 1535. También
durante esta centuria encontramos fundadas cofradías de la Sangre en buena
parte de ciudades valencianas: la de Alcoi formada en 1545, Cullera lo hizo en
el 1546, la de Sagunto sabemos que funcionaba con certeza en 1570. Otras
poblaciones que tuvieron fueron Denia, Pego, Enguera... La de Requena se
constituyó en 1560 con el nombre de “Vera Cruz o Sangre de Cristo Nuestro Señor”.
La de Llíria ya hemos visto que se fundó unos años antes de 1574. Nos cuenta
el historiador dominico del siglo XVIII, Josep Teixidor, que
con motivo de crecer tanto la devoción a la Sangre de Jesucristo, se
suplicó al pontífice Pablo III que instituyera para Valencia la fiesta de la
Sangre, lo que se consiguió en 1540. A pesar de todo lo dicho, algunos autores encuentran el
origen de este tipo de cofradías en el periodo de la conquista catalano-aragonesa;
otros –como opinaba en el siglo XVIII el erudito Orellana- se remontan a las
misiones de San Vicente Ferrer. No obstante, en lo que sí coinciden la mayoría
de los actuales investigadores es en considerar el siglo XVI como la época de
expansión de las cofradías pasionistas de disciplinantes. Por lo que se
refiere al caso de Llíria, es muy discutible atribuir el origen de la cofradía
de disciplinantes de la Sangre a la época en que San Vicente visitó nuestra
ciudad allá por el año 1410. La vieja cofradía de Jesucristo fundada el 1401
no consta que practicara la flagelación pública y nos hemos de trasladar al año
1574 para encontrar en Llíria la existencia de la primera cofradía pasionista
de disciplinantes. La práctica de la flagelación como disciplina laica, no
monástica o ascética, es muy anterior a la época de San Vicente, ya que se
difundió el 1258 desde Perúgia (Italia) a gran parte de Europa. Durante los
siglos XIV y XV en España la flagelación sólo se celebraba en ocasiones
especiales. Referente a la Corona de Aragón, ya existía una tradición de
disciplinantes que hacían acto de presencia en momentos de crisis importantes o
durante las predicaciones de San Vicente Ferrer. Por todo eso, el rey Juan I
permitió el uso de la flagelación pública en el año 1394. Los mismos
sermones populares de San Vicente caben encuadrarlos dentro de una sociedad
afectada por una grave crisis social, económica y religiosa. Por eso, cuando el
santo dominico predicaba por cualquier sitio, le seguía un numeroso grupo de
penitentes y flagelantes; cuando llegaban a alguna población tenían costumbre
de hacer procesiones en las que se azotaban gritando “Misericordia” y a
continuación San Vicente predicaba. Así tuvo que ocurrir en el verano de 1410
cuando el fraile dominico visitó Llíria con la intención de desplazarse en
procesión de rogativa a la fuente seca con el fin de hacer brotar el agua. Las nuevas cofradías de disciplinantes tuvieron un destacado éxito en el siglo XVI, hasta el punto que la flagelación se convirtió en una institución dentro de estas cofradías. Existía un paralelismo entre la práctica de la flagelación y la Pasión de Cristo. Los disciplinantes derramaban su sangre a imitación de Cristo y con la intención de redimir sus pecados. Los de Requena, por ejemplo, celebraban la procesión flagelándose la noche de Jueves Santo de la siguiente manera: Marchaban los penitentes disciplinándose, otros empalados, y en varias maneras de mortificación, como cadenas de hierro, sogas, cilicios, etc...” Pero retomemos la idea central de este articulo y
recordemos que el período más activo de los flagelantes con la fundación de
cofradías de disciplinantes de la Sangre de Jesucristo, fue en el siglo XVI, época
en que se fundó en Llíria la nueva Cofradía de la Sangre. El uso de la
flagelación pública que realizaban estas nuevas cofradías suponía una rotura
con las anteriores prácticas piadosas. Por este motivo la nueva cofradía
lliriana de la Sangre chocó violentamente con los de la Cofradía de Jesucristo
porque ambos tenían una visión diferente de las practicas piadosas. La aparición
de la Cofradía de la Sangre –en principio sin casa social, estatutos ni
autorización oficial- nos confirma que estaba en un período de formación.
Además era una cofradía donde sus miembros destacaban por la juventud, es
decir, por el sector de la población más influenciable y más sensible a las
innovaciones. Y en aquella época la práctica de la flagelación en las nuevas
cofradías pasionistas era la moda del momento. Frente a esta nueva actitud
estaban los miembros de la vieja Cofradía de Jesucristo que desde 1401 conviven
pacíficamente en su casa social. Esta era una cofradía veterana, con estatutos
y legalizada por la autoridad competente, pero con una forma de vivir y de
practicar la piedad religiosa diferente, cuando no opuesta a la nueva moda de la
flagelación pública. El éxito de las cofradías de disciplinantes de la
Sangre de Jesucristo hizo por norma que tuvieran muchos miembros, lo que
explicaría la fuerza que tomaría la de la Sangre de Llíria en perjuicio de la
Cofradía de Jesucristo. Así, la decadencia de esta última seria paralela a la
vitalidad de la primera, hasta que llegó el momento que la Cofradía de
Jesucristo desapareció. Los de la Sangre, en cambio, cada vez con más fama,
llegaron a utilizar como casa social la antigua parroquia de Santa María, hasta
el punto que la cofradía le cedió al templo su nombre y la iglesia será
conocida como Iglesia de la Sangre. En definitiva, después de las argumentaciones que se han
expuesto, se puede ver más claro que los 9 años que los franciscanos
observantes habitaron el convento de San Vicente fueron suficientes para
difundir en Llíria la devoción a los temas pasionistas, y en concreto a la
Preciosísima Sangre de Jesucristo que tanta fuerza estaba cogiendo en aquel
tiempo. No es por tanto una casualidad que los franciscanos observantes -después
de 9 años de vida pastoral- abandonaran Llíria el 1571 y la cofradía se
fundara unos pocos años antes de 1574. Más adelante, por las crónicas del monasterio de San
Miguel, sabemos que las beatas del santuario mantuvieron buenas relaciones con
los disciplinantes de Llíria. Cada tercer domingo de Cuaresma los flagelantes
subían a San Miguel donde se cantaba una misa con sermón al Arcángel. Las
beatas también les facilitaban una serie de remedios para curarles las heridas.
No hay que olvidar tampoco las buenas relaciones que existían entre las beatas
y los franciscanos; ambos tenían una espiritualidad semejante y un proyecto común:
vivir en el ideal de pobreza evangélica. Además las beatas pertenecieron
durante un cierto tiempo a la Tercer Orden franciscana y una de las prácticas
de esta institución fue la flagelación los domingos de Adviento y Cuaresma. El rey Carlos III (dentro de las medidas que adoptaron los
gobiernos ilustrados para reformar las costumbres) prohibió la flagelación
publica en el año 1777, pero Pascual Madoz aún nos da la noticia de la
existencia en Llíria en los inicios del siglo XIX de unos flagelantes que desde
tiempo antiguo, cada Jueves y Viernes Santo, subían a la ermita de Santa Bárbara
donde en presencia de un numeroso público “se daban azotes con unas
disciplinas de hierro y vidrio muy puntiagudos sobre sus espaldas, causándose
terribles heridas, de las que brotaba muchísima sangre”. Esta antigua
costumbre, nos dice Madoz, que desapareció a partir de la guerra del francés
en 1809. Podríamos continuar profundizando más en el tema de los
disciplinantes y de la Cofradía de la Sangre, pero prefiero detenerme sobre
todo en sus orígenes y fundación, ya que no quiero cansar ni agotar la
paciencia del lector. Porque este artículo, que reconozco resulta demasiado
largo, a algunos puede parecerle difícil de entender, aunque intente decir las
cosas de la forma más clara posible para que se entere la mayoría. Ya habrá ocasión en otros momentos de continuar hablando
de la intensa influencia de los franciscanos en la historia de Llíria, porque
creo que su presencia no se ha valorado bastante en la vida social y religiosa
de este pueblo. En resumen, como ya habrán observado a lo largo de este artículo,
los franciscanos no solo influyeron en la devoción a la Purísima y en la
existencia de la Corte de María, sino también en otras instituciones que hasta
ahora no se habían nombrado, como es el caso de la Cofradía de la Sangre, que
aún en la actualidad goza de popularidad y está arraigada en Llíria. Desearía que este artículo de divulgación les haya servido para conocer mejor algunos aspectos del pasado franciscano de Llíria. Porque todo aquello que no se conoce bien no se puede estimar y, además, muchas veces hay que conocer correctamente el pasado para poder entender mejor el mundo presente que nos ha tocado vivir. Muchas gracias por su lectura y, un año más, buenas fiestas purisimeras.
FRANCESC ROZALÉN IGUAL Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia en el año 1981
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