Francisco Rosalen

        "Cofradía de la Sang"      Llíria

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Los Franciscanos del convento de Llíria

¿Impulsores de la Cofradía de la Sangre?

 

Con demasiada frecuencia se escriben cosas sobre los tiempos pasados sin tener un sentido crítico y que sólo son una mera repetición –en muchas ocasiones un plagio- de lo que otros han escrito con anterioridad. Estudiar las sociedades históricas no es hacer una descripción detallista –a veces torturadora- de los acontecimientos, edificios, personajes y cosas consideradas curiosas, redactadas con un lenguaje pesado que se indigesta en la segunda línea. La historia no ha de buscar la recreación estéril y seca del pasado, sino que ha de preguntar, interpretar y reflexionar sobre los acontecimientos pretéritos para comprender y ayudar a avanzar en el proceso de conocimiento de la humanidad.

Perdonen la breve introducción teórica, porque ya sé que no es este libro de fiestas el más adecuado para hacer estas reflexiones. Ahora bien, las considero necesarias para que entiendan cual es mi actitud cuando modestamente intento estudiar algunos aspectos del pasado de esta ciudad.

 

LA HERENCIA DE LOS FRANCISCANOS

 

La historia de Llíria de los últimos siglos no se puede comprender bien si no se entiende la influencia que sobre los llirianos ejercieron las dos ordenes mendicantes instaladas en Llíria en la segunda mitad del siglo XVI. Como ya saben, fueron primero los franciscanos y después los trinitarios quienes de manera temporal se ubicaron en la “Font de Sant Vicent”, -Fuente de San Vicente-,  durante la segunda mitad del siglo XVI. Mas adelante, ya en el siglo XVII, se trasladaron definitivamente a las puertas del casco urbano de Llíria. Desde el primer momento, la tarea pastoral de los religiosos empezó a influir en la vida social y religiosa de aquellos llirianos. Esta influencia que continua hasta la exclaustración  definitiva de los frailes el año 1835, aún está presente en la Llíria actual que camina hacia el inicio del tercer milenio.

Entre las influencias que dejaron los conventos franciscanos y trinitarios tenemos evidentemente la difusión de sus advocaciones principales: “la Purísima” y “la Mare de Deu del Remei”, con sus correspondientes cofradías marianas. También cabe anotarles la división geográfica del pueblo en dos barrios bien definidos: “la Part de Dalt o el Raval” y la “Part de Baix”, la parte de arriba o Arrabal y la parte de Abajo. Pero, también la formación de las dos bandas de música que junto a las cofradías heredaron el inicial espíritu de rivalidad que poseyeron los dos conventos de mendicantes. En definitiva los frailes aportaron el embrión para que en Llíria existiera en el futuro un tipo de sociedad que desde la antropología social se denomina semicomunal, que significa dividida en dos partes opuestas y rivales.

Pero en este libro “purissimer” hablaré, indudablemente, sólo de algunas influencias que nos dejaron los franciscanos. Esta orden fue una de las que más influyeron en la historia medieval del  Reino de Valencia. Fue también la orden más numerosa en la España rural. Un dicho popular resume muy bien su intensa presencia:

“Qui per fra, qui per germa,

tot lo mon es francisca”.

 

“Quien por fraile, quien por hermano,

todo el mundo es franciscano”

            Además, cuanto más rica era una ciudad, más franciscanos habían. Esto se observa claramente en el caso de Llíria durante el siglo XVIII, que fue una época de esplendor económica y de aumento de población. Ahora bien, en algunos años, como en el 1870, el convento alcantarino llegó a tener 82 religiosos y estaba considerado como una de las casas más importantes de la provincia franciscana descalza.

            La primera comunidad de franciscanos observantes que se instalaron en la Fuente de San Vicente fue en el año 1562, en unos terrenos que les cedió la villa. Pero 9 años más tarde la abandonaron entre otros motivos por la insalubridad del lugar. En 1574 ocupó el Convento de San Vicente una nueva comunidad de franciscanos, pero en esta ocasión de la rama de los alcantarinos o descalzos. Ocho años después lo volvieron a abandonar, parece ser que por la misma causa que los anteriores. Ya finalmente en el 1603 encontramos una comunidad de alcantarinos habitando el nuevo convento situado a las afueras de Llíria, en terrenos que también les cedió la villa. Esta actitud de las autoridades municipales era normal en aquella época, ya que las ordenes de mendicantes eran las mas solicitadas por las poblaciones para que fundaran conventos y les prestaran sus servicios espirituales.

            Pero vamos a lo que ahora más nos interesa y hablemos de las influencias que los franciscanos ejercieron sobre la ciudad de Llíria. En el libro de fiestas del año pasado ya tuve la ocasión de escribir sobre la fundación de aquella Cofradía de la Purísima instituida el 8 de diciembre de 1664 en la parroquia de la Asunción. Comentaba que la cofradía se fundó en una época de intensa exaltación y fervor inmaculista en los diversos reinos de España, pero que también  había que tener presente la contribución y la obra de evangelización de los franciscanos alcantarinos del convento de Llíria. En definitiva, terminaba diciéndoles que la actual Corte de Maria se puede considerar la heredera espiritual de aquella tradición inmaculista de los llirianos surgida con fuerza en tiempos del barroco.

            La influencia de la espiritualidad franciscana también se observa actualmente en la existencia del calvario de Santa Bárbara, construido en la “Part de Dalt o del Raval”, la zona de dominio de los alcantarinos. Hay que tener presente que la orden franciscana –como veremos después- se caracterizó por el culto a la Pasión dolorosa de Cristo. La práctica del vía crucis fue difundida por Europa por los franciscanos, que desde el siglo XIII fueron nombrados custodios de los Santos Lugares de Tierra Santa, mediante una bula del ano 1230 del papa Gregorio IX.

 

LA FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA DE LA SANGRE DE JESUCRISTO

 

            Personalmente considero que hay otra destacada influencia de los franciscanos sobre los llirianos que hasta la actualidad nadie se había dado cuenta: me refiero a la fundación de una nueva cofradía de disciplinantes nombrada de la “Sang de Jesucrist” que ya existía en el año 1574 y que ha llegado hasta la actualidad con el nombre de Cofradía de la Santísima Sangre de Jesucristo, “Confradia de la Santísima Sang de Jesucrist”. La hipótesis mía, es que esta nueva Cofradía de la Sangre, surgió como fruto de la labor de evangelización de los primeros franciscanos observantes instalados en la Fuente de San Vicente. Para detectar esta influencia no es necesario que ningún documento antiguo  lo certifique textualmente, ya que si siempre fuera así, todo seria demasiado sencillo. Simplemente entendiendo el contexto social de la época, teniendo presente algunas fechas, releyendo algún documento y sabiendo por donde caminaba la espiritualidad franciscana, se puede deducir que la Cofradía de la Sangre, debe su primitiva existencia a la labor que los franciscanos ejercieron sobre aquellos llirianos de la época del renacimiento.

            La lectura de un documento del año 1574 depositado en el Archivo del Reino de Valencia y publicado en 1973 en el libro de la Sang de Luis Martí, ofreció algunas pistas para mi tesis. Para que entiendan mi planteamiento, a continuación resumiré de manera breve la información que nos facilita el documento fechado el 15 de abril de 1574. En aquella época, existía en Llíria una cofradía que desfilaba en las procesiones de Semana Santa y que se llamaba “Cofradía de Jesucrist”, la cual tenia la sede social en el edificio conocido como “Casa de Jesucrist”. Esta cofradía se fundó en 1401 y estaba legalizada a todos los efectos, con estatutos y ordenanzas aprobadas por la autoridad competente. El documento, que como he dicho esta fechado en 1574, dice que desde hacía unos pocos años existía en Llíria un grupo de jóvenes solteros que tenían como finalidad disciplinarse públicamente en la procesión del Viernes Santo. Estos jóvenes disciplinantes, se auto denominaban cofrades de una supuesta Cofradía de la Sangre de Jesucristo. Pero los miembros de la vieja Cofradía de Jesucristo, con menosprecio, negaban que existiera en Liria una Cofradía de la Sangre con Casa propia y estatutos autorizados. A continuación el documento expone un conflicto entre los de la Casa de Jesucristo y los supuestos Cofrades de la Sangre, cuando estos últimos quisieron utilizar la casa social de los primeros como sitio de salida para participar en la procesión del Viernes Santo. Al final consiguieron los de la Sangre entrar por la fuerza en la sede de la Casa de Jesucristo utilizando unas llaves falsificadas. Este hecho motivo un pleito ante la justicia y que está recogido en el documento nombrado. En definitiva, del citado documento, lo que más nos interesa retener son los siguientes puntos:

-         Que pocos años antes de 1574 se formó en Liria un nuevo grupo de disciplinantes con la misión de participar flagelándose en la procesión del Viernes Santo.

-         Los miembros de esta reciente agrupación de disciplinantes se proclamaban cofrades de una nueva Cofradía con el título de la Sangre de Jesucristo.

-         Los componentes de la nueva Cofradía de la Sangre, no tenían casa social, ni estatutos y, por tanto, no estaban legalizados.

-         Los Cofrades de la Sangre de Jesucristo no se llevaban bien con los otros cofrades de la ya centenaria Cofradía de Jesucristo.

Después de haber extraído del documento de 1574 la parte más interesante, ya se puede avanzar la hipótesis de que la formación de este grupo de disciplinantes –base de la nueva Cofradía de la Sangre- surgiría como consecuencia de los trabajos de evangelización, y en concreto de las prácticas de piedad promulgadas por los frailes del convento de franciscanos observantes instalados en la Fuente de San Vicente desde el 1562 hasta el 1571. Pero el planteamiento de esta hipótesis hay que reforzarla con más argumentos que son los que explicaré en el siguiente punto.

 

EL CULTO A LOS TEMAS PASIONISTAS Y EL PAPEL DE LOS DISCIPLINANTES.

 

Primeramente, hay que tener presente la primitiva vocación pasionista de la orden franciscana. Como ya he dicho antes, los franciscanos –que desde el siglo XIII eran los guardianes de los Santos Lugares de Tierra Santa- se caracterizaban de manera especial por tributar un fervoroso culto a la Pasión dolorida de Jesucristo, aunque esta práctica era común a todas las ordenes de mendicantes. He de recordar, por ejemplo, la intensa identificación de San Francisco con la Pasión de Cristo. Uno de los pasajes más populares de la vida de San Francisco, es el que hace referencia a la estigmatización, cuando el fraile padeció en su propio cuerpo el dolor que Jesucristo sintió en la crucifixión. Esta es una de las imágenes  más típicas de la iconografía de San Francisco y se le representa en el monte de Albernia con las cinco llagas de Cristo crucificado impresas en las manos, los pies y en el costado. La devoción popular a las cinco llagas, también fue difundida por los franciscanos del siglo XIII con el apoyo de diversos pontífices que le dedicaron un día en el calendario, para que la Iglesia celebrara esta devoción. Entre los diversos emblemas que utiliza la Cofradía de la Sangre de Llíria está la representación de las cinco llagas que ya aparecen en estampas antiguas. Otras veces se representa a San Francisco con una cruz en la mano o bien arrodillado delante de Cristo en la cruz y un brazo desclavado con la intención de abrazarlo. Esta tradición pasionista de los franciscanos se reflejó durante la segunda mitad del siglo XV en el interés que demostraron al fomentar de manera especial la devoción a la Cruz y a la Pasión. Entre las devociones pasionistas que difundieron las órdenes mendicantes y de manera especial los franciscanos, empezaba a destacar en aquella época el culto a la Preciosísima Sangre de Jesucristo. Pero el tema de la Sangre de Cristo había producido anteriormente una polémica doctrinal entre los dominicos y los franciscanos. Anteriormente, estas dos ordenes de mendicantes, también mantuvieron controversia teológica sobre la inmacularidad de María. Y ahora nuevamente encontramos a los franciscanos y los dominicos enfrentados doctrinalmente sobre si dejó o no la Divinidad la Sangre de Cristo derramada en la Pasión  y separada de su Cuerpo. La polémica acabó con la intervención del Papa Pío II en el año 1464. Curiosamente fueron los franciscanos de la rama de los observantes –los mismos que se instalaron en el convento de San Vicente- los más destacados defensores del tema de la Sangre de Cristo y los partidarios de las tesis del místico San Buenaventura, cuando decía en uno de sus libros: ”el vino es imagen de la sangre que extrae del racimo, es decir del cuerpo de Cristo, prensado por los judíos en el lagar de la Cruz”.

 Es necesario decir que durante el siglo XV la actitud y mentalidad del hombre delante de la muerte había cambiado como consecuencia de guerras, pestes, y epidemias. Ahora la muerte es concebida de manera más dramática, como la mayor tragedia humana. La religiosidad de esta época se caracterizó por un misticismo popular que buscaba imitar a Cristo. Se generalizó el culto a las “Siete Palabras de Cristo en la Cruz”, pero también a los utensilios de la cruz, como los clavos y la corona de espinas.

Como resultado de toda la difusión pasionista que hemos observado, a partir del siglo XVI comenzaron a fundarse (muchas veces con el apoyo de los franciscanos) las primeras cofradías de disciplinantes en la Península Ibérica; adoptaron el nombre de Cofradía de la Sangre de Jesucristo o también de la Vera Cruz y tenían como misión practicar regularmente la flagelación pública. Es verdad  que durante el siglo XV ya existían en algunas ciudades del territorio peninsular cofradías con el nombre de Vera Cruz y de la Sangre de Jesucristo. Ahora bien, siguiendo las investigaciones del antropólogo norteamericano William Chistian y de otros prestigiosos investigadores españoles, la constitución formal de cofradías de disciplinantes con el nombre de Vera Cruz o Sangre de Jesucristo que tenían como misión innovadora flagelarse públicamente en las procesiones de Semana Santa, no aparecen documentadas en la Península Ibérica hasta el siglo XVI. Así, la cofradía de la Sangre de Jesucristo de Valencia se instituyó en 1535. También durante esta centuria encontramos fundadas cofradías de la Sangre en buena parte de ciudades valencianas: la de Alcoi formada en 1545, Cullera lo hizo en el 1546, la de Sagunto sabemos que funcionaba con certeza en 1570. Otras poblaciones que tuvieron fueron Denia, Pego, Enguera... La de Requena se constituyó en 1560 con el nombre de “Vera Cruz o Sangre de Cristo Nuestro Señor”. La de Llíria ya hemos visto que se fundó unos años antes de 1574. Nos cuenta el historiador dominico del siglo XVIII, Josep Teixidor, que  con motivo de crecer tanto la devoción a la Sangre de Jesucristo, se suplicó al pontífice Pablo III que instituyera para Valencia la fiesta de la Sangre, lo que se consiguió en 1540.

A pesar de todo lo dicho, algunos autores encuentran el origen de este tipo de cofradías en el periodo de la conquista catalano-aragonesa; otros –como opinaba en el siglo XVIII el erudito Orellana- se remontan a las misiones de San Vicente Ferrer. No obstante, en lo que sí coinciden la mayoría de los actuales investigadores es en considerar el siglo XVI como la época de expansión de las cofradías pasionistas de disciplinantes. Por lo que se refiere al caso de Llíria, es muy discutible atribuir el origen de la cofradía de disciplinantes de la Sangre a la época en que San Vicente visitó nuestra ciudad allá por el año 1410. La vieja cofradía de Jesucristo fundada el 1401 no consta que practicara la flagelación pública y nos hemos de trasladar al año 1574 para encontrar en Llíria la existencia de la primera cofradía pasionista de disciplinantes.

La práctica de la flagelación como disciplina laica, no monástica o ascética, es muy anterior a la época de San Vicente, ya que se difundió el 1258 desde Perúgia (Italia) a gran parte de Europa. Durante los siglos XIV y XV en España la flagelación sólo se celebraba en ocasiones especiales. Referente a la Corona de Aragón, ya existía una tradición de disciplinantes que hacían acto de presencia en momentos de crisis importantes o durante las predicaciones de San Vicente Ferrer. Por todo eso, el rey Juan I permitió el uso de la flagelación pública en el año 1394. Los mismos sermones populares de San Vicente caben encuadrarlos dentro de una sociedad afectada por una grave crisis social, económica y religiosa. Por eso, cuando el santo dominico predicaba por cualquier sitio, le seguía un numeroso grupo de penitentes y flagelantes; cuando llegaban a alguna población tenían costumbre de hacer procesiones en las que se azotaban gritando “Misericordia” y a continuación San Vicente predicaba. Así tuvo que ocurrir en el verano de 1410 cuando el fraile dominico visitó Llíria con la intención de desplazarse en procesión de rogativa a la fuente seca con el fin de hacer brotar el agua.

Las nuevas cofradías de disciplinantes tuvieron un destacado éxito en el siglo XVI, hasta el punto que la flagelación se convirtió en una institución dentro de estas cofradías. Existía un paralelismo entre la práctica de la flagelación y la Pasión de Cristo. Los disciplinantes derramaban su sangre a imitación de Cristo y con la intención de redimir sus pecados. Los de Requena, por ejemplo, celebraban la procesión flagelándose la noche de Jueves Santo de la siguiente manera: Marchaban los penitentes disciplinándose, otros empalados, y en varias maneras de mortificación, como cadenas de hierro, sogas, cilicios, etc...”

 Pero retomemos la idea central de este articulo y recordemos que el período más activo de los flagelantes con la fundación de cofradías de disciplinantes de la Sangre de Jesucristo, fue en el siglo XVI, época en que se fundó en Llíria la nueva Cofradía de la Sangre. El uso de la flagelación pública que realizaban estas nuevas cofradías suponía una rotura con las anteriores prácticas piadosas. Por este motivo la nueva cofradía lliriana de la Sangre chocó violentamente con los de la Cofradía de Jesucristo porque ambos tenían una visión diferente de las practicas piadosas. La aparición de la Cofradía de la Sangre –en principio sin casa social, estatutos ni autorización oficial- nos confirma que estaba en un período de formación. Además era una cofradía donde sus miembros destacaban por la juventud, es decir, por el sector de la población más influenciable y más sensible a las innovaciones. Y en aquella época la práctica de la flagelación en las nuevas cofradías pasionistas era la moda del momento. Frente a esta nueva actitud estaban los miembros de la vieja Cofradía de Jesucristo que desde 1401 conviven pacíficamente en su casa social. Esta era una cofradía veterana, con estatutos y legalizada por la autoridad competente, pero con una forma de vivir y de practicar la piedad religiosa diferente, cuando no opuesta a la nueva moda de la flagelación pública. El éxito de las cofradías de disciplinantes de la Sangre de Jesucristo hizo por norma que tuvieran muchos miembros, lo que explicaría la fuerza que tomaría la de la Sangre de Llíria en perjuicio de la Cofradía de Jesucristo. Así, la decadencia de esta última seria paralela a la vitalidad de la primera, hasta que llegó el momento que la Cofradía de Jesucristo desapareció. Los de la Sangre, en cambio, cada vez con más fama, llegaron a utilizar como casa social la antigua parroquia de Santa María, hasta el punto que la cofradía le cedió al templo su nombre y la iglesia será conocida como Iglesia de la Sangre.

En definitiva, después de las argumentaciones que se han expuesto, se puede ver más claro que los 9 años que los franciscanos observantes habitaron el convento de San Vicente fueron suficientes para difundir en Llíria la devoción a los temas pasionistas, y en concreto a la Preciosísima Sangre de Jesucristo que tanta fuerza estaba cogiendo en aquel tiempo. No es por tanto una casualidad que los franciscanos observantes -después de 9 años de vida pastoral- abandonaran Llíria el 1571 y la cofradía se fundara unos pocos años antes de 1574.

Más adelante, por las crónicas del monasterio de San Miguel, sabemos que las beatas del santuario mantuvieron buenas relaciones con los disciplinantes de Llíria. Cada tercer domingo de Cuaresma los flagelantes subían a San Miguel donde se cantaba una misa con sermón al Arcángel. Las beatas también les facilitaban una serie de remedios para curarles las heridas. No hay que olvidar tampoco las buenas relaciones que existían entre las beatas y los franciscanos; ambos tenían una espiritualidad semejante y un proyecto común: vivir en el ideal de pobreza evangélica. Además las beatas pertenecieron durante un cierto tiempo a la Tercer Orden franciscana y una de las prácticas de esta institución fue la flagelación los domingos de Adviento y Cuaresma.

El rey Carlos III (dentro de las medidas que adoptaron los gobiernos ilustrados para reformar las costumbres) prohibió la flagelación publica en el año 1777, pero Pascual Madoz aún nos da la noticia de la existencia en Llíria en los inicios del siglo XIX de unos flagelantes que desde tiempo antiguo, cada Jueves y Viernes Santo, subían a la ermita de Santa Bárbara donde en presencia de un numeroso público “se daban azotes con unas disciplinas de hierro y vidrio muy puntiagudos sobre sus espaldas, causándose terribles heridas, de las que brotaba muchísima sangre”. Esta antigua costumbre, nos dice Madoz, que desapareció a partir de la guerra del francés en 1809.

Podríamos continuar profundizando más en el tema de los disciplinantes y de la Cofradía de la Sangre, pero prefiero detenerme sobre todo en sus orígenes y fundación, ya que no quiero cansar ni agotar la paciencia del lector. Porque este artículo, que reconozco resulta demasiado largo, a algunos puede parecerle difícil de entender, aunque intente decir las cosas de la forma más clara posible para que se entere la mayoría.

Ya habrá ocasión en otros momentos de continuar hablando de la intensa influencia de los franciscanos en la historia de Llíria, porque creo que su presencia no se ha valorado bastante en la vida social y religiosa de este pueblo. En resumen, como ya habrán observado a lo largo de este artículo, los franciscanos no solo influyeron en la devoción a la Purísima y en la existencia de la Corte de María, sino también en otras instituciones que hasta ahora no se habían nombrado, como es el caso de la Cofradía de la Sangre, que aún en la actualidad goza de popularidad y está arraigada en Llíria.

Desearía que este artículo de divulgación les haya servido para conocer mejor algunos aspectos del pasado franciscano de Llíria. Porque todo aquello que no se conoce bien no se puede estimar y, además, muchas veces hay que conocer correctamente el pasado para poder entender mejor el mundo presente que nos ha tocado vivir.

 

Muchas gracias por su lectura y, un año más, buenas fiestas purisimeras.

 

                                                                       

            FRANCESC  ROZALÉN  IGUAL

            Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia en el año 1981

Traducción de Miguel J. Cortés i Gil del artículo original en valenciano,
publicado en el libro oficial de Fiestas en Honor de la Purísima del año 1997
y cedido por el autor a la Cofradía de la Stma. Sangre de Ntro. Señor Jesucristo.  
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