La Iglesia

        "Cofradía de la Sang"      Llíria

Monumento ] Artesonado ] Pinturas ] Cerámica ] Año 2000 ]

 
       

IGLESIA de SANTA MARIA
o
de la SANGRE
de
LLIRIA

Texto extraído del libro "Techumbre Gótico-Mudéjar, en la Iglesia de Santa María o de la Sangre en Llíria", obra de Amadeo Civera Marquino año 1989.

    Desde el afincamiento en la villa de Llíria de los primeros cristianos viejos tras el «Repartiment» del rey D. Jaime, 1248-1249, hasta la donación a la cartuja de Porta Coeli en la figura de Fr. Bernardo HOM DE DEU, su prior, y frailes de la misma orden, de la Vicaría perpetua de Llíria en 6 de marzo de 1273, transcurrieron veinticuatro o veinticinco años; durante dicho período debió construirse nuestra iglesia de Santa María, pues así se denominaron todas las iglesias recién construidas.

    En el LLIBRE DELS FEYTS, cap. 365, dice: «en todas las poblaciones grandes, que Dios nos concedió ganar a los sarracenos construimos una iglesia de Ntra. Sra. Santa María».

    En tiempos del obispo Andreu ALBALAT, desde 1248 a 1276, todas las mezquitas parroquias fueron derrocadas y sustituidas por nuevas estructuras góticas brillantes.

    Quizás estuvo terminada hacia el año 1260.

    En la lista tributaria del año 1247 aparece ya LLIRIA, al igual que en la fiscal de 1279-1280, puesto que producía el diezmo parroquial.

    Se trata de un edificio del siglo XIII, de estilo gótico. La iglesia de nave única, con anchura de 12´40 m. y longitud interior de 31 m., con cubierta de madera sobre cinco arcos transversales, distantes 4´42 m., constituye una estructura sencilla y económica. La construcción corresponde al típico «intradós angular» o, como gráficamente se expresa en nuestra lengua, de «pastera». Corresponden los arcos a otros tantos macizos que terminan en forma de frontón, sustentadores de una cubierta a dos vertientes de madera, con cabrios apoyados en dichos macizos y en los que a su vez se apoyan los pares, llenando los espacios la tablazón.

    El tejado está soportado por vigas longitudinales escalonadamente dispuestas, colocadas a diferentes alturas siguiendo la pendiente de la estructura y sobre ellas las viguillas, formando un entablillado y una capa de mazorcas, sobre las cuales descansa la teja árabe. El entramado, tapajuntas, entrecalles y demás muestran una gran meticulosidad en su trabajo y una precisión de ajuste realmente admirables.

    La altura desde el nivel del suelo hasta el vértice de la cubierta es de 12 metros.

    Al exterior, los bordes laterales de la techumbre asoman en una cornisa sencilla con ladrillos unidos por los lados, que ofrecen una pequeña moldura lisa, encima de la cual descansa la teja árabe.

    Tras el intento de estudiar y concretar la fecha de la elaboración y decoración de dicho artesonado y siguiendo sin conocer el equipo artístico que llevó a cabo tal obra, se nos presenta el siguiente planteamiento:

a) Fue decorado mientras se construía la techumbre.

b) Nada más terminar la construcción del edificio.

    O quizás después del ensanche del mismo por la construcción de las capillas laterales, cubiertas con bóveda de crucería que no llegan a alcanzar la cubierta de madera.

    Al ensanchar el edificio por la construcción de las capillas, hubo que proceder al alargamiento del tejado; tras la observación del mismo, hemos de considerar que se llevó muy bien dicha labor, pero también hemos de tener en cuenta que en la primera y sexta crujía (que siguen conservando su trazado primitivo), en los muros comprendidos entre los arcos y donde descansan las viguillas, la última de las vigas (que van de arco a arco, paralelas al muro), hace el efecto de faldón por ir adosada al muro y como remate una gran moldura (1ª crujía, coro alto) o un gran friso (6.ª crujía, derecha).

    En los planos laterales de la primitiva techumbre se originan nueve entrecalles a ambos lados del paño central o almizate, terminando con el faldón, a base de moldura tallada en madera con motivos vegetales o friso con figuras humanas y animales, mencionados anteriormente.

    Pues bien, en las crujías donde existen capillas se originan trece entrecalles y hasta la novena perduran las características de la techumbre original y las restantes aparecen sin ningún tipo de decoración.

    Todo ello nos lleva a la conclusión de que la labor decorativa o trabajo de policromía debió realizarse antes de la construcción de las capillas. Sobre la construcción de las mismas, ya que no fueron construidas al mismo tiempo, las noticias más antiguas se remontan al año 1324 en que se funda el Beneficio de Corpus Christi, que es el primero que detentó capilla.

    En nuestras diversas y continuas observaciones, tanto de vigas, viguillas, plafones y otros elementos, se muestran dibujos de la decoración que quedan ocultos, mostrándose algunos parcialmente, lo que nos lleva a la conclusión por tanto de que dicha decoración: vigas, viguillas, plafones... se realizó antes de colocarse en su lugar definitivo a medida que se construía la techumbre o cubierta, finales del siglo XIII. Posiblemente proyectado y ejecutado por los propios carpinteros especializados.

    Una de las causas que más han contribuido al deterioro de tan vistoso artesonado han sido las continuas desmejoras del tejado, tramos que habían comenzado a ceder, rompiéndose algunas vigas, dislocándose las tejas y filtrándose el agua, con la consiguiente destrucción de la policromía.

    Repetidas veces la cofradía de la Sangre y la devoción y cariño de particulares atendieron al reparo de los desperfectos.

    De la obra escrita por nuestro cronista oficial, D. Luis MARTÍ, entresacamos las siguientes notas:

    En el año 1799 de los fondos de la Cofradía fue reparado el tejado de la iglesia de la Sangre.

    En la junta del 3 de marzo del año 1844, la Cofradía gestiona 800 rs. vn. y designa al albañil Manuel Bayarrí para reparar el tejado, bastante deteriorado.

    En la junta del 2 de mayo de 1888 leemos lo siguiente: "D. Victorino Albert, Salvador Joaquín Gil y D. Jaime Espinosa y el secretario que suscribe, como encargados de gastar una limosna que Dª Marica Gil Merino ofreció para reparos del tejado de la iglesia de la Sangre, en fin por estos señores arriba dichos unánimes y de común acuerdo y económica ayuda de los cofrades de la Divina Pastora que ayudaron con dos peones diarios gratis quedó concluida dicha obra del tejado con la limosna que ascendía a la cantidad de mil quatrocientos rs. vellón."

    En 1912 D. Teodoro Izquierdo, escribía: «El maravilloso techo se perdió en parte y pronto hubiera sido una total ruina si el recuerdo de un benemérito hijo de Liria, que legó al morir una buena cantidad para realizar los trabajos que el cura creyese necesarios a fin de conservar el antiguo templo.»

    Hacía el año 1925 el techo estaba ya muy deteriorado y no permitía dar idea de la armonía artístico-constructiva que en tan sencillo monumento algún día dominó.

    El cura arcipreste de Liria, por fortuna para todos D. Eduardo Gil, persona ilustradísima, de claro criterio, comprendió enseguida la necesidad de emprender las obras cuanto antes y de atender ante todo a la reparación del tejado. Así se realizó concienzudamente y gracias a ello podemos decir que se ha asegurado y prolongado un siglo la vida de este monumento gloria de Liria.

    A pesar de todas estas restauraciones, por no haber sido compensadas con suficientes dotaciones, llevadas a cabo principalmente en la armadura, se han reducido en nuestros días a retejados en la cubierta llevados a cabo bajo la dirección del arquitecto D. Alejandro Ferrán y el constructor Sr. Blanco en 1957, y a una segunda intervención últimamente bajo la dirección de D. Mauro Lleó, quien con su trabajo ha realizado un profundo estudio del edificio con levantamiento de planos. Renovándose algunos tramos de la techumbre, desapareciendo los materiales primitivos.

    Estas subvenciones procedían del. Ministerio de Educación, y Ciencia, patrocinadas bajo la dirección del Patrimonio Artístico Nacional a través de Bellas Artes de Valencia.

    Lástima que todas las diversas etapas de restauración y reconstrucción para la mejor conservación de dicho monumento no hayan tenido una elaborada programación desde el primer momento para que en fases sucesivas continuar coordinando y planificando la plena recuperación.

CONCLUSIÓN

    Ha sido nuestra iglesia de Santa María o de la Sangre de Llíria el primer monumento declarado nacional del antiguo Reino de Valencia, en fecha 29 de septiembre de 1919.

    El tipo popular de viguería a dos vertientes sobre arcadas prende en Valencia y Mallorca con entusiasmo que revela mudejarismo latente y difuso. De vigas vistas de madera en forma de correas, que junto con el entablado y la molduración limitan los espacios a decorar, no permitiendo una decoración continua como pueda ser un fresco o un retablo; exhibiendo como temas favoritos los puramente ornamentales en escenas aisladas junto a temas profanos con representaciones fantásticas, grotescas, galantes y religiosas; resulta difícil el estudio del programa iconográfico de esta techumbre y llegar a unas conclusiones concretas, debido a la mutilación y mutación que se refleja en la misma, ignorando cuál es el significado completo de este programa iconográfico, por lo que simplemente me he dedicado a estudiar, describir y clasificar las escenas y motivos localizados.

    Siendo este de Llíria uno de los pocos ejemplares que quedan en tierras valencianas de carpintería mudéjar, joya polícroma donde la madera en colaboración con la pintura se ha convertido en "oro y llama encantada", contribuyendo ambas al enriquecimiento de dicha decoración. Techumbre o envigado de grandes dimensiones y bello de proporciones.

    Iglesia gótica en disposición y estructura, mudéjar en la fantasía de detalles con gran repertorio de formas islámicas y el gusto con el color. El estilo de decoración, datable de finales del siglo XIII, es de una gran riqueza y pureza gótico-mudéjar, realizada dicha labor por artistas musulmanes. Es de una imponderable belleza la teoría de múltiples vigas delgadas y de incontables tableros, esto y la pseudo solera pintada de la sillería de los arcos torales distinguen este techo y le otorgan valor singular. Es de notar la bella distribución del color bermellón dominante y armonizado. Acusándose el acento morisco por la participación de alarifes musulmanes en el empleo de un elenco de motivos ornamentales de tradición netamente oriental o islámica: rosetas y entrelazos dispuestos alternativamente, motivos fitomórficos del paramento con un ritmo geométrico; y en donde se vislumbra ya la importancia que va a adquirir en el campo figurativo la simbiosis islamo-cristiana.

    Según Jiménez Plácer, el siglo XIII y XIV fue «el gran siglo de oro del mudejarismo hispano».

    Muy conveniente sería un detenido reconocimiento y estudio desde andamio y con buena luz de esta techumbre para revelar el mal estado en que se encuentran las vigas afectadas por la humedad y por insectos parasitarios de la madera, incluso en su parte estructural; al igual que su decoración muy dañada y oscurecida, que ha ido experimentando con el paso de los siglos y que requiere una paciente labor de consolidación, proyecto realizado en el año 1981, pero todavía no ejecutado, por Mauro Lleó con una interesante memoria, mediciones y pliego de condiciones, asegurando la conservación y autenticidad del mismo. Restauración de la cubierta que de llevarse a cabo podría paliar los estragos que sufrió en la Guerra Civil, a pesar que la decoración de la techumbre y las pinturas murales, juntamente ambas formaban un conjunto de gran efecto visual y lo más valioso en gran parte, permaneció incólume. Al mismo tiempo que limpieza, supondría una revisión de todas sus piezas, completando las rotas y dejando sin pintar las deterioradas, dando un tono neutro a las reconstruidas, pues sus policromías son factibles de restaurar. Salvando con todo ello una valiosa techumbre mudéjar, en opinión de Alfonso E. Pérez Sánchez, catedrático de Arte de la Universidad Complutense y director del museo de El Prado, «quizás sea este ejemplar de Llíria el más antiguo, buen ejemplo de estructura angular con rica decoración pintada de escenas caballerescas, seguramente de fines del siglo XIII o comienzos del XIV»; ya que día a día disminuye el número de ejemplares, lo que impide estudiar las distintas relaciones entre los diversos focos mudéjares.

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