"Cofradía de la Sang"      Llíria

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TECHUMBRE   GOTIGO-MUDEJAR
EN  
LA  IGLESIA  DE  SANTA  MARIA
O   DE
 LA  SANGRE   EN   LLIRIA

Tomado del libro del mismo título, editado en 1989,  del autor Amadeo Civera Marquino, notándose que no son correlativos los capítulos al mantener su numeración original.   

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La iglesia de SANTA MARIA O DE LA SANGRE en LLIRIA. De gran interés: estructural, cubierta de artesa sobre arcos diafragmas, como en PEÑARROYA DE TASTA­VINS (Teruel) y SANTA MARGARIDA (ciudad de Mallorca) y decorativo, similitudes con SANT MIQUEL DE MONTBLANCH (Tarragona). Siendo uno de los más vastos techos en su género existentes en el Reino de Valencia por sus dimensiones. Apreciándose gran variedad cromática, resultando el conjunto mucho más vistoso, favorecido asimismo por la utilización de dorados, ofreciendo gran interés por su calidad artística, su riqueza decorativa y su relativo buen estado de conservación.

PARTES DE LA TECHUMBRE: COMPOSICIÓN

Se trata de una estructura resistente, construcción mixta de fábrica y madera.

La cubierta de armadura de madera a dos vertientes o a dos aguas, pues se trata de una techumbre angular, no es otra cosa sino el doblamiento de un techo plano, que tuvo un uso muy frecuente en la arquitectura gótica, formando tres planos o paños, estructura trapezoidal.

La madera se adoptó al gótico por sus numerosas cualidades: economía, rapidez de ejecución, ligereza (la reducción de peso permite cubrir espacios amplios), sometimiento a las leyes constructivas de fuerzas y resistencias; concebidas con una finalidad artística, obtención de una mejor acústica y aislamiento térmico..., en la que fue preciso adornarla con tallas y dibujos que dulcificasen en parte su sequedad.

Apoyada sobre cinco arcos diafragmas se origina el apuntamiento de la techumbre y que forman seis crujías, sobre el vértice del arco aparece el almizate (que oculta la hilera y el encuentro de los faldones) de los de par y nudillo, con ventaja para su estabilidad, pues se colocan tirantillas que evitan posibles movimientos de los pares.

En el almizate o paño horizontal, de dos metros de anchura, se origina el harneruelo que forma el centro de los techos de madera labrada. En toda la techumbre se observa gran meticulosidad en el trabajo y una precisión de ajuste realmente admirable.

Está compuesta por grandes vigas, dispuestas en el sentido del eje del templo, bien trabajadas y empotradas en los arcos de piedra, sobre las cuales descansan numerosos listones transversales los largueros o parecillos, formando un encasetonado o entablado sustentáculo y unión de amplios tableros que sostienen las tejas. Como los arcos establecen la trabazón en los muros, no son necesarios los tirantes y sólo una tirantilla, colocada muy alta, evita el empuje y origina el pequeño techo plano en la parte central «almizate» (mencionado anteriormente).

a) Primera crujía. Originada entre el muro interior de la fachada «imafronte» y el primer arco (coro alto). A partir del almizate las vigas paralelas a él originan en la parte derecha nueve entrecalles de 54 cm. de ancho, decoradas, en regular estado de conservación. La última de las vigas recorta el apoyo de la techumbre en el muro lateral, formando una especie de gran friso decorado con tres escudos heráldicos. En todas ellas se repite dicha decoración, llevando intercalados alternativamente los palos de la Corona de Aragón.

Las vigas de la 1ª, 2ª, 3ª y 4ª crujías únicamente llevan el escudo con la flor de lis o lirio en ambas caras. Las dimensiones son 29 cm. de alto, por 10 cm. de ancho, por 4,30 m. de largo.

La mencionada que está adosada al muro lateral lleva como remate una moldura labrada con motivos simétricos, policromada en oro.

En la parte izquierda, por encontrarse a la altura de la techumbre la sala de máquinas del reloj de la torre campanario, solamente existen seis entrecalles y media, sin ningún tipo de decoración por haberse efectuado reparaciones en todo el tramo y no se volvieron a colocar las tablas ni vigas originales.

b) Segunda crujía. En la parte derecha se forman trece entrecalles, decoradas hasta la novena, las cuatro restantes sin ningún tipo de decoración.  (lámina I)   

En la parte izquierda existen nueve entrecalles, pues no se construyó capilla, no quedando vestigios de decoración por haberse restaurado.

c) Tercera y Cuarta crujía. Existen trece entrecalles a cada lado del almizate, decoradas todas ellas hasta la novena; presentan buen estado de conservación, quizás sean los tramos mejor conservados; las cuatro restantes entrecalles sin ningún tipo de decoración.

En la cuarta derecha, donde se encuentra la puerta lateral del templo titulada «de los hombres», la capilla no ofrece el aspecto de las restantes, presenta bóveda rebajada, habiéndose construido una escalera que da acceso a una pequeña tribuna, lugar que quizás ocuparon autoridades civiles o eclesiásticas en sus prácticas religiosas cuando visitaron nuestra villa.

Y concretamente en la tercera lado derecho, por encima de la capilla de S. Antonio y S. Bartolomé, todavía se conserva el antiguo friso con un total de diecisiete escenas, decoración de temas antropomorfos, figuras humanas y animales, que bordeaban toda la techumbre.

En el resto de las secciones de las dos crujías no se observan restos de ningún friso o moldura.

d) Quinta crujía. Parte derecha, en la primera viga que separa el mencionado lateral del almizate, existen tres escudos decorándola: el central presenta dentro de una estrella de ocho puntas un escudo apuntado conteniendo varias filas de flor de lis de tamaño reducido; los dos escudos restantes presentan el ya mencionado que contiene una flor de lis o lirio.

En la viga número diez también aparecen los escudos inscritos dentro de una estrella de ocho puntas. Las nueve entrecalles primitivas presentan buen estado de conservación y las cuatro restantes, debido a la construcción de las capillas, sin decorar.

En la parte izquierda, solamente existen nueve entrecalles, ya que no se construyó capilla, repitiéndose las características reseñadas.

En general presenta buen estado de conservación.

e) Sexta crujía. Formada por el quinto arco y el testero del templo, presenta nueve entrecalles a ambos lados del almizate, ya que ésta y la primera conservan la anchura del templo primitivo.

Parte derecha, presenta buen estado; la viga número diez que recorta el apoyo de la techumbre sobre el muro observamos en la misma que los tres escudos con la flor de lis en vez de ir inscritos en un cuadrado, como la mayoría de las vigas, aparece enmarcado por la nueva forma geométrica originada por la intersección de un cuadrado y dos elipses; rematando dicha viga aparece un gran friso que contiene arquerías trilobadas con escenas de figuras humanas y animales.

No sabemos cuántos frisos similares a éste hubieron completando la decoración, aunque es de suponer fuesen un total de doce, dos por crujía. En el capitulo titulado FRISOS DIVERSOS desarrollaremos las escenas de éstos localizados y otros similares que fueron descolgados e instalados en la capilla museo, para una mejor visión y estudio.

Lado izquierdo, existe decoración en vigas y viguillas, observando en la novena entrecalle en lugar de los plafones decorados con motivos geométricos, que aparece un gran tablero cuya parte central la ocupa un escudo heráldico en posición apuntada y dos grupos de personajes a ambos lados.

Posiblemente formase parte de algún antipendio o frontal, y en alguna de las reparaciones llevadas a cabo en la techumbre fue utilizado para ocupar el espacio de varios plafones.

Lástima que su situación, por detrás de las viguillas, impida una completa visión del conjunto; no obstante, intentaremos dar descripción del mismo en el capítulo correspondiente.

En la segunda, tercera y cuarta entrecalles los dos primeros plafones de cada una de ellas (adosados a la testera del templo) se observa sustituyendo a los plafones primitivos otro gran tablero formado por figuras humanas.

Por todo cuanto llevamos expuesto, insistimos, fueron nueve las entrecalles a cada vertiente de la techumbre y correspondientes al templo primitivo, alcanzando hasta trece por el ensanchamiento del edificio en algunas partes, no todas, por la construcción de las capillas.

f) Plafones. En cuanto al número de plafones laterales, vemos en el entrecruzado de las vigas con las viguillas se forman en cada entrecalle catorce encasetonados, que a una media de nueve son ciento veintiséis tablas decoradas, el doble por cada crujía resultan un total de doscientas cincuenta y dos; como existen seis crujías, resultan mil quinientas doce tablas o plafones entre ambas vertientes de la techumbre. (ilust. nº   45   y  46.)

Estas tablas o plafones del fondo del artesonado se corresponden en otro sistema de cubierta con los famosos «socarrats», de tanto abolengo en Valencia en el siglo XV.

g) Almizate. En cuanto a la zona central, plana u horizontal “almizate”, se compone también de catorce fragmentos, continuación de los paralelos de ambos lados (entre arco y arco); sobresalen tres filas en relieve a modo de piña o florón, destacando la central en tamaño y forma, que hace de eje de toda la techumbre, sobre las dos en relieve y tablas laterales. Todos dorados, supondrían un total de cuarenta y dos en el almizate de cada crujía, por un total de seis que totalizarían doscientas cincuenta y dos; estas tres filas van intercaladas por plafones al igual que el resto de la ya mencionada techumbre con motivos geométricos o vegetales. Veintiocho en cada crujía por seis suponen un total de ciento sesenta y ocho, más las mil quinientas doce anteriores sería un total de mil seiscientas ochenta tablas o plafones que componían todo el decorado de nuestro artesonado mudéjar. ( lámina nº III.)

Hay que considerar que los plafones del almizate correspondientes a la 1ª y 2ª crujías son diferentes de los que se encuentran en las restantes, pues aunque llevan motivos vegetales, quedan inscritos dentro de una estrella de ocho puntas que ha sido alargada por sus extremos.

g-1)  1ª crujía, los plafones como hemos indicado se diferencian junto con los de la 2ª del resto. El friso de dicho almizate restaurado no conserva ninguna decoración.

g-2)  2ª crujía, todo el almizate presenta buen estado de conservación. Los dos frisos también en buenas condiciones, dentro de tres círculos perlados, mayor el central, contienen tres hojas lobuladas en la misma proporción, intercalados de decoración vegetal con grifos o leones. ( lámina II.)        

g-3)  3ª crujía, junto con la 4ª presentan buen estado de conservación. Los frisos del almizate de la 3ª en buenas condiciones, en la 4ª solamente existe uno de los dos en buenas condiciones. posiblemente fueron los mismos motivos de decoración en la 4ª, 5ª y 6ª.

        g-4) 5ª crujía, buena decoración y bien conservada con motivos geométricos y vegetales, también aparecen plafones con escudos heráldicos. Los frisos presentan la forma geométrica originada por la intersección de un cuadrado y dos elipses en el centro y dos círculos a ambos lados, conteniendo dos hojas lobuladas, las figuras extremas y la central una roseta, intercaladas dichas formas por decoración vegetal con figuras de leones, en los extremos los palos de la Corona de Aragón.

g-5) 6ª crujía, existen cinco entrecalles decoradas (cercanas al arco sillería), buen estado de conservación, las restantes han sido restauradas, decoración en vigas y viguillas. Los frisos tanto el adosado al muro del altar como el adosado al arco, solamente conservan la hoja central. lobulada de su primitiva decoración por haberse restaurado.

h) Frisos de las entrecalles, en todas las entrecalles de todas las crujías el motivo general lo constituye el escudo heráldico que contiene la flor de lis, dentro de un cuadrado y a los extremos del mismo los palos de la Corona de Aragón.

La única excepción por el momento se encuentra en la 5ª crujía 2ª y 4ª entrecalles a ambos lados del almizate, aparece un escudo apuntado que contiene varias filas con flor de lis de tamaño reducido. Tanto de éste como del anterior, en el capítulo FRISOS DIVERSOS, realizaremos estudio de los mismos. ( ilust. nº  43 44.)          

i )Vigas, como hemos ido reseñando, van colocadas de arco a arco y sostienen las viguillas. Van decoradas todas ellas con tres escudos heráldicos que contienen la flor de lis, intercalados por los palos de la Corona de Aragón, a excepción de las que limitan el almizate de la 5ª crujía.

La parte inferior de las mismas, la más visible desde el suelo, el rectángulo que hace de eje de simetría de los escudos de cada cara lleva una decoración vegetal y geométrica. ( ilust. nº 50.)

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j )Viguillas, junto con las vigas forman el encasetonado de los plafones. Decoración en zig-zag, colores rojo, blanco y negro.

k) Pequeños plafones rectangulares, situados encima de las vigas y que unen las viguillas, contienen una enorme variedad de motivos decorativos, apenas visibles. (ilust. nº. 47, 48 y 49).

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¡Cuánto arte se plasmó en la decoración de esta techumbre gótico-mudéjar de nuestra iglesia de Santa María o de la Sangre de Llíria!

Lástima que a medida que se han ido reparando los diferentes tramos hayan ido desapareciendo tantas y tantas tablas decoradas, pudiendo observarse actualmente algunos tramos sin ningún tipo de decoración, debido a los motivos expuestos.

C) ENTABLILLADO Y VIGUERIO. DECORACIÓN

Hemos de señalar que los envigados, además de elementos de cubrimiento constituyen un soporte ideal para ser decorados pictóricamente. Decorándose a pincel, esta decoración era encomendada muy frecuentemente a los autores de la carpintería, casi siempre mudéjares.

El profesor Garín Ortíz de Taranco (8)dice: «El techo suele ser en estas iglesias populares objeto de la más interesante decoración pictórica y en ésta, como en su construcción dedálica, se concretan las notas islamizantes o moriscas que el tipo ostenta en Valencia.»

La primera impresión es de armonía, aunque predominen ciertos elementos decorativos.

Se da una mezcla entre los temas de los dominados, motivos claramente musulmanes, que nada podían decir de su religión: animales, composiciones lineales, ornamentaciones florales; en cambio, para los dominadores, motivos finamente estilizados alusivos a la vida cortesana: asuntos caballerescos y religiosos. Temas todos que sufrirían las alteraciones materiales interpretativas a causa de ser obras realizadas por gente del pueblo o poco erudita

La decoración limpiamente mudéjar está realizada sobre las mismas correas que soportan el tejado, completado por un entablamiento en fondo de artesa. La policromía de la techumbre de madera no se diferencia mucho de los techos considerados en la vecina región de Aragón y Cataluña.

La ornamentación es muy buena, aunque el estado de conservación nos prive de gozar con amplitud de la sencillez e ingenuidad de los temas en ella desarrollados: vigas, jácenas, largueros y plafones se llenan de entrelazados geométricos, estrellas, flores, fauna estilizada, escudos y figuras. Figuras femeninas de cortesanas, sirenas o juglaresas, realizadas por artistas mudéjares habituados a formas y conceptos no cristianos o quizás por cristianos de poca erudición que ampliaron las labores de los miniaturistas.

Por lo que resulta muy difícil establecer un programa iconográfico que sea unitario y coherente, por haberse trastocado muchas de las piezas.

El colorido está muy apagado, al presentar muy oscurecidos los colores de su decorado, pero en conjunto podemos considerar este ejemplar como el más completo y rico que hoy existe en el reino valenciano.

El policromado ostentaba una profusa variedad de dibujos o motivos de estilo mudéjar y gótico; brillantez en el color y muy variados, predominando los colores dorado «aureum-oro», rojo, azul, blanco, negro y amarillo; todos ellos brillantemente armonizados, pero dominando el bermellón.

La vistosidad de esta cubierta se acentúa por el uso del dorado, motivos esculpidos e intercalación de escudos «firma» del cliente. Lo que indica que posiblemente se recurriese a un maestro pintor reconocido y no a un simple artesano local, para una mayor calidad artística.

Con el siglo XIII, se llega al dominio de Valencia por los cristianos, con su vida cortesana, sin freno en su desbordamiento licencioso, de publicidad tan escandalosa, que el comentario crítico y burlón llega hasta los artistas que trazan los originales, para ser plasmados en los frisos de la decoración de techumbres y artesonados y más tarde serían copiados en las piezas cerámicas.

Son años en los que adquieren enorme difusión dos de los varios instintos del hombre, refrenados por los mandamientos religiosos: la usurpación de bienes y la lujuria.

Virtudes y vicios, que fueron los asuntos preferidos en las representaciones de orden moral. Estos temas, más o menos transformados debido a errores de interpretación, entraron en Valencia y allí, en manos de los musulmanes, fueron plasmados dichos asuntos.

De las representaciones simbólicas, el tipo preferido para la lujuria fue la sirena en el románico y la cortesana en el gótico, siendo la corona uno de sus atributos (9) (10) (11)

La usurpación de bienes se admira, como glorificación de la ley del más fuerte, con la figura del jinete pertrechado de todas las armas; la lujuria regocija los sentidos, presentando las escenas sin tener en cuenta el carácter del edificio ya sea religioso o civil.

Tanto el viguerio, entrecalles como el entablillado, tienen interesantísimas labores de talla y policromado, de difícil visión por estar ennegrecidas por el humo y deterioro del tiempo; los escasos frisos permiten ver escenas de reinas coronadas, cortesanas con escenas atrevidas y sus castigos, jinetes sobre corceles engualdrapados, caballeros combatiendo, jinete armado con lanza, figuras de reyes, juglares, luchas heroicas con figuras legendarias; animales fantásticos: grifos, águilas, leones; combinaciones geométricas y hasta decoraciones florales derivadas de la estilización de la alafia.

El pintor, donde hay más espacio para ello, se entrega a verdaderas composiciones, en las que juntamente con la tradición musulmana, absorbente en los motivos ornamentales, se combinan asuntos y estilos venidos de Italia o Francia. En opinión del Marqués de Lozoya «se crea entre atauriques y lazos un mundo de elegantes figurillas, que luchan, cazan, se divierten o participan de las fantásticas aventuras de las leyendas caballerescas, tan en boga en aquel tiempo».

La temática podemos clasificarla en las siguientes series o temas: geométrica, fauna exótica, flora o motivos florales de claro orientalismo, heráldica cristiana (escudos nobiliarios), y figuras humanas; tratando de plasmar sus formas de vida y costumbres, exponiendo o censurando dichos aspectos.

Todos estos asuntos descansaban preferentemente en las plasmaciones pictóricas.

a) Geométrica. Los artistas musulmanes sobresalieron en el dominio de la geometría, (repetición del mismo tema). Tendencia que decora las viguillas a base de cenefas de motivos vegetales en el techo central, entrelazado o lacería en forma de trenza, o en las laterales con yuxtaposición de bandas dentadas (zig-zag) dispuestas verticalmente, jugando los colores rojo, blanco y negro.

La sucesión de puntos espaciados crea otra cenefa llamada de «perlas», utilizándose sobre todo para enmarcar escenas característica del románico, circunferencias negras sobre fondo blanco. Las perlas van acompañadas de líneas paralelas que limitan la cenefa.

La combinación de motivos geométricos entrecruzados origina nuevas formas: la superposición de dos triángulos equiláteros forma una estrella de seis puntas, la de dos cuadrados la de ocho puntas. Elipses de distinto tamaño unidas en forma de ocho o corazones; rosetas...

b) Fauna exótica o fantástica. También aquí la variedad es grande y que encontramos descrita en los bestiarios medievales contemporáneos de la época, siendo el tipo más frecuente el monstruo alado, cuerpo de ave y cola de reptil (unión de águila y león), cabeza barbuda o no, orejas sinuosas dirigidas hacia atrás, ojos gruesos, en posición rampeante.

Fauna mitológica: centauros, grifos y dragones.

Fauna animal: jabalí, perro, pájaro, peces, aves...

c) Flora o motivos florales de claro orientalismo, ofreciendo mayor variedad: árboles y arbustos, hojas de acanto, palmetas, hojas lobuladas, flor de lis típica del románico, tallos ondulantes que se sitúan frontalmente o entrecruzados en forma de corazón para conseguir composiciones armónicas.

Los frutos aparecen representados por manchas redondas o alargadas.

d) Heráldica cristiana. Como motivo heráldico generalizado por todas las vigas y frisos de entrecalles, un escudo conteniendo la flor de lis o lirio. Dicho escudo aparece dentro de un cuadrado o rectángulo y escasas veces dentro de una estrella de ocho puntas o por la figura originada por la intersección de un cuadrado y dos elipses. Repitiéndose constantemente por toda la techumbre. (ilust. nº 44.) asang39.jpg (493221 bytes)

Otros que hemos podido localizar y citado en la 6ª crujía lado izquierdo, y que posiblemente formarían parte de algún friso o antipendio.

El de las entrecalles 2ª y 4ª de la 5ª crujía (ambos lados), compuesto por un escudo apuntado que contiene varias filas de flor de lis de tamaño reducido ( ilustr. nº 43)asang38.jpg (434159 bytes)

Y los que se encuentran en la misma crujía en el almizate ( ilustr. nº 44), ocupando los plafones del mismo.

Además de los reseñados decorando la techumbre, también aparecen escudos nobiliarios en los frontis de las capillas, retablos, claves esculturadas de las bóvedas, arquetas funerarias, lápida sepulcral... Sirven todos ellos de señal del linaje a quien pertenecen o encargaban dichas obras.

e) Figuras humanas, temas antropomorfos. Se reducen a mujeres y hombres jóvenes, con predominio de las figuras femeninas, ellas como damas de cierta alcurnia o status social elevado, ellos como guerreros, juglares y en una pequeña proporción, personajes religiosos.

Dando a la figura humana un tratamiento occidental, lo son también sus vestiduras y lo es sobre todo la posición del cuerpo, con la típica curva o inflexión. Aun con ser las vestiduras y posturas occidentales, la disposición de las mismas es oriental, caso de las que aparecen enfrentadas a un eje de simetría.

Este tipo de representaciones solamente se da en las techumbres más ricas, ya que exigen mayor habilidad por parte del artista. Algunos motivos religiosos con abundancia de profanos, incluso grotescos y obscenos, haciendo referencia a la moral de la época; puramente decorativos, respondiendo a un cambio de mentalidad por la aparición de  una nueva clase social: la burguesía; tratando de plasmar sus formas de vida, costumbres, motivos caballerescos, mundo cortesano, juglares; exponiendo o censurando dichos aspectos, aceptándose todo ello debido al cambio de mentalidad de la propia Iglesia.

Estudiándose además determinadas características del ropaje medieval, en simbolismos religiosos o en luchas entre guerreros, cacerías, pajes y trovadores, damas...; motivos finamente estilizados, siluetas alargadas y expresivas que recuerdan las diminutas y graciosas de los libros de horas, sirviendo de complemento o adorno los motivos geométricos y florales así como otros adornos múltiples e incorrectos.

Todas estas pinturas como es natural se ajustaban a características estilo y época. Una de las mayores dificultades que presenta la interpretación de las pinturas es la de discernir y separar los motivos puramente ornamentales de aquellos que tienen importancia y valor dentro de la acción que el artista intenta desarrollar. De lo cual se deriva un constante peligro de descubrir más cosas de las que él se propusiera evocar.

IV. ESTUDIO DE LA DECORACIÓN

En el caso de la iglesia de la Sangre, las vigas a ambos lados o caras van decoradas casi todas con el mismo motivo heráldico, y solamente por debajo de algunas de las que circundan el recinto de la techumbre se conserva un gran tablero a modo de friso con escenas y figuras humanas; también en los tableros o frisos del almizate adosados a los arcos de piedra, al igual que las tablillas de los encasamientos del techo plano o central con abundancia de flora y motivos geométricos, llevan intercalado algún escudo heráldico; existen también pequeñas tablillas rectangulares por encima de las vigas que cubren el espacio entre las viguillas con enorme variedad de dibujos, sobre todo fauna. Los plafones del encasetonado de las vertientes laterales de la techumbre van decorados con un único motivo geométrico de clara influencia musulmana.

La ornamentación figurada consiste en arquerías trilobadas góticas sostenidas por finas columnillas con variedad de capiteles que guardan parentesco con los arcos en forma de «mihrab», que se han oscurecido mucho y son poco fáciles de apreciar desde el suelo, con abundancia y variedad de motivos decorativos: representaciones civiles con escenas de la vida popular, escenas caballerescas de guerra, caza, de embajadas, iconografía de reyes y reinas, juglares o cortesanas, y en pequeña proporción motivos religiosos, animales o miniaturas fantásticas, personajes que conversan y escenas indescifrables, temas florales y puramente decorativos. (capítulo III C.)

Sobre todas estas pinturas, el mismo MARQUÉS DE LOZOYA asegura «que aunque de inspiración occidental el pintor fuese moro, pues los animales están estilizados y en las enjutas hay adornos de atauriques».

Pertenecen al estilo denominado «gótico lineal», de tradición o herencia románica y que prefiere el linealismo, la silueta, el recerco o ribeteado de las figuras; gran narrativismo expresivo, delicadeza y realismo de las figuras humanas y animales; preponderancia de lo dibujístico sobre lo propiamente pictórico, es decir, preferencia de la línea sobre la gradación de matices, la inserción de las escenas sobre fondos monócromos, combinando elementos góticos con musulmanes.

La técnica utilizada fue el temple, extendiendo previamente una ligera capa de cal sobre la madera en alguntas tablas; otras van pintadas directamente sin ningún tipo de preparación, en la que se aplicó una gama cromática reducida, colores puros, primarios.

Sólo se intenta representar el paisaje mediante simples elementos alusivos, tales como árboles, arbustos o flores, esquematizados en notable desproporción con las figuras. Sometimiento a la ley del marco, presencia de motivos de relleno sobre el fondo, disposición simétrica de figuras y geometrismo aplicado incluso a los temas vegetales.

Se adoptan recursos de otras artes decorativas como la cerámica, tejidos, esmaltes, miniaturas, etc., para cubrir espacios vacíos. La minuciosidad de ejecución se debe a que las piezas eran decoradas antes de su colocación definitiva.

El procedimiento a seguir fue aplicando primero sobre el dibujo o motivo el color como relleno, después, dibujando contornos durísimos de gentil trazo; la noción del espacio es nula, en un solo plano Sin aspiración de modelar ni de la más rudimentaria perspectiva; preocupación por la simetría (sistema muy musulmán) que domina en estas composiciones y que transforma y condiciona los temas a un sentido decorativo exclusivamente, predominando éste sobre la representación figurada e historiada.

Tienen cierto lejano parentesco con las figuras del alfarje del claustro bajo del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos), que representan escenas de damas, hilanderas, caballeros, arqueros..., y con las existentes en colecciones como las del Museo de Arte de Cataluña (Barcelona) y en la Casa-Museo Benlliure (Valencia), estas últimas pudieran ser de procedencia liriana o saguntina.

A)   LA CAPILLA-MUSEO

Gracias a la labor llevada a cabo por D. Teodoro Izquierdo Alcaide, se creó un pequeño museo, eligiendo para ello la capilla y beneficio fundado por Pere Pascual Sableda y su esposa Saura Besaldú, donde se recogieron y mostraban las piezas más importantes del anti­guo esplendor de la «Esglesia de la Vila de Llíria».

No podemos nombrar dicha capilla-museo y pasar por alto sin hacer una breve descripción de la riqueza artística que contenía este pequeño pero valiosísimo museo.

Para su acceso contaba con dos escalones decorados con azulejos góticos de los siglos XIV y XV de motivos geométricos y vegetales en color blanco y azul. En el pavimento de dicha capilla podemos observar restos primitivos formados por ladrillos de barro bizcochados de treinta centímetros de lado, y en las esquinas pequeños ladrillos góticos que presentan pequeños leones rampantes enmarcados dentro de una doble cenefa.

La bóveda, con pinturas que imita sobre la plementería de la misma imitación de azulejería de piezas dobles y sencillas, aquéllas con rosetas claras y rojas y éstas sólo con entrelazos en forma de cruz, dispuestas alternativamente, tal como hemos vistos en los pavimentos de muchos retablos valencianos del siglo XV; en la clave de la bóveda se pueden apreciar las figuras de san Esteban y san Vicente, de gran riqueza pictórica, labor de miniaturistas sobre fondo monócromo.

Los cuatro nervios de abultados bocelones que salen de la clave de la bóveda llevan restos de pinturas rojas y azules, representando cabezas de dragones con la boca abierta, enormes dientes y larga lengua.

Decorando dichas paredes se encuentran en uno de los ángulos en el muro del lado del Evangelio de la misma, restos de primitivas pinturas murales de gótico-lineal, observándose bajo una arquería gótica lobulada sobre fondo monócromo azul intenso parte de la figura de un santo diácono representando a san Esteban, revestido con roja dalmática y manípulo llevando un Evangeliario cerrado con broches de estilo mudéjar en las manos, siglo XIII.

Como iluminación natural existe un bonito rosetón de cerámica, que presenta en su interior secciones lobuladas de caracteres góticos.

A la izquierda se encontraba el antipendio o frontal de «Santiago entre dos ángeles turiferarios», obra del siglo XIV; la escultura de un Cristo crucificado de gran tamaño, gótico o franciscano de tipo bizantino con los brazos rectos, obra del siglo XIII; un lucillo sepulcral gótico, todo él labrado con relieves y calados decorativos y escudos herál­dicos con la flor de lis, además de esculturas del siglo XIV.

En la pared del fondo de dicha capilla, el retablo propio de ésta, cuyo autor es conocido con el nombre de “MAESTRO DE LIRIA”, de lo más típico del arte valenciano de su fecha (1390) y el más interesante de la región, obra capital de estilo internacional, dedicado a los santos Vicente y Esteban. En la tabla central aparecen los dos santos; a los lados se disponen cuatro escenas de la vida de los dos diáconos mártires, apostolado en la predela y deliciosa Virgen sedente entre ángeles en campo paradisíaco en el pináculo central, coronado por la espiga con la escena de un «Calvario».

A la derecha, el otro sepulcro, más tosco; los relieves se limitan a sencillos escudos con la flor de lis; el antipendio del primitivo altar de «San Antonio y San Bartolomé», frontal de bastante rudeza, estructurado a modo de tríptico, la más vieja tabla del arte valenciano del siglo XIII. En la parte superior se había colocado el que fue retablo mayor, en forma de tríptico, de los trinitarios, que procedía del convento que se hallaba ubicado en las Fuentes de Liria o Font de Sant Vicent, “La Trinidad, María Magdalena y Marta”, estas dos a ambos lados,  obra de comienzos del siglo XV.

Además de todas las piezas reseñadas, también se había instalado allí un arcón gótico, aguamanil de cerámica vidriada del siglo xv, blasones, capiteles, trozos de fuste de la portada, interesantísimos fragmentos varios de la techumbre pintada de la nave del templo, que fueron desmontados e instalados en dicha capilla-museo para su mejor conservación y estudio en el año 1913 por D. Teodoro Izquierdo.

B)     CLASIFICACIÓN DE LAS TABLAS SEGÚN SU SITUACIÓN

Una vez descrita la riqueza artística que allí se mostraba y que fue pasto de las llamas el día 27 de julio de 1936, intentaremos hacer un pequeño estudio o descripción de las diversas escenas que componían estos fragmentos de la techumbre y de los que todavía se conservan, compuestos por arquerias trilobadas. En cada una de ellas el artista nos narra diferentes escenas o motivos; todo el friso va bordeado por un doble rectángulo, conteniendo pequeños círculos blancos «perlas».

Resulta muy difícil establecer un programa iconográfico que sea unitario y coherente, caso de que hubiera existido en la mente de quienes encargaran las pinturas; primero porque han desaparecido algunas partes o tramos de la decoración; segundo, porque la variedad temática es tan grande y trata tantos aspectos, que considero es mejor desglosar antes todos los motivos y estudiar uno a uno. De acuerdo con esto, me limitaré aquí a unas muy pocas pinturas por considerarlas las más interesantes.

Clasificación, según su primitiva situación:

    a)  FRISOS.
1)      Frisos laterales, adosados a los muros laterales del templo.
2)      Frisos del almizate, adosados a los arcos de piedra. (Ver capí­tulo III B g.)
3)      Frisos varios.
4)      Frisos de las entrecalles. (Ver capitulo III B h.)
    h)  VIGAS.
1)      Vigas maestras.
2)      Viguillas.
3)      Techo plano o almizate.
    3a) Vigas.
    3b) Viguillas.
    c) CASETONES.
                  1) Techumbre lateral.
                  2) Techumbre central.
                       2a) Rectangulares.
                            2b) Talladas en relieve.
d)         PLACAS

a)    FRISOS

1)     Frisos laterales.

Como remate de la viga 10ª, en los muros se encontraban estos grandes frisos que fueron desapareciendo tras la construcción de las capillas. Algunos fueron descolgados e instalados en la capilla-museo. Actualmente «in situ» persiste solamente uno en la tercera crujía, lado derecho, por encima de la capilla de S. Bartolomé y S. Antonio y otro en la sexta crujía, lado derecho, junto al altar mayor, dándonos idea exacta de la distribución, decoración, colorido...

      FRISO Nº 1. - Fue este friso uno de los instalados en la capilla-museo, conociéndolo solamente por referencias fotográficas de archivo (16), pudiendo distinguir siete escenas o motivos que describimos a continuación:

Dama coronada con dos peces o sirena (nº4) 

Situada en el centro de la arquería, como eje de simetría aparece la figura femenina representando a una reina o dama con corona florlisada (trilobada), figura hierática o rígida, cabello de color claro, suelto sobre las espaldas, vestida a la moda del tiempo, finales del siglo XIII, llevando un pequeño escote en el brial, y ceñido a la cintura, donde queda abierto y recogido a los lados; los pliegues del vestido están representados por los distintos colores empleados.

Tiene sus piernas convertidas en peces, que tienen las cabezas en contacto, en posición de perfil y con un solo ojo (detalles muy acu­sados: escamas, aletas...); oprimiendo los extremos de sus colas con las manos.

Esta figura constituye el motivo o tema principal desarrollado. Los huecos restantes a ambos lados de la figura están ocupados por dibujos secundarios formados por sencilla decoración vegetal: ramas, hojas, flores y pájaros.

Muchos investigadores ven en esta representación el vicio de la lujuria o tentación según el arte románico, pecado de los más repre­sentados; además, ciertos distintivos inmediatos, como el largo y suelto cabello, "llevan a la conclusión de que es o puede ser una imagen de pecado (17) que permanece en la mentalidad medieval; motivos éstos que arraigaron profundamente en el primitivo arte gótico-morisco de Valencia.

Para D. José Amorós (11), profesor de la universidad de Barcelona, su interpretación es la siguiente: «Evidentemente es la representación de una sirena indicando poder, y no poder temporal por su corona, aunque ésta sea usada o real. Esta lleva las colas ichtiformes sustituidas por dos peces completos, que coge con sus manos, en la misma actitud ella y la posición de los peces que en lo románico. Se da aquí un caso de interpretación realista, pero conservando con relativa fidelidad los elementos simbólicos más esenciales.»

Reina y rey, o pareja de enamorados, o la cortesana tienta al hombre (ilust. nº 5).

Estas figuras ocupan la siguiente escena o compartimento, representando en grandes proporciones los bustos o medios cuerpos de estos dos personajes confrontados, ambos coronados, no por ello exclusivamente que se trate de personas de condición real, sino simbolizando con su corona y por su vida libertaria el poder moral de la tentación erótica.

En posición simétrica. Distinguiéndose claramente los rasgos delicados femeninos con los austeros del varón, al igual que los adornos de la vestimenta de ambos; ella lleva un pequeño escote en el vestido, bordeado de rica pasamanería, mangas ajustadas.

La mujer ofrece algún fruto al varón o quizás sea distinto el signi­ficado de este disco o pequeño objeto circular, que bien puede ser la representación de un espejo, otro de los atributos de la cortesana o algún juego o símbolo de tentación. También pudiera ser un pequeño instrumento musical especie de crótalos o castañuelas.

Tal objeto circular está solamente sujeto por los dedos de la mano pulgar e índice de la mujer, muy delicadamente, y el hombre en actitud de dar o recibir.

Los espacios libres los ocupa sencilla decoración vegetal.

Dibujos policromados en negro, amarillo y rojo.  

Reina recibiendo a su caballero o amado (ilust. nº 6).

Figura femenina de reina o cortesana (este personaje, considerado por los musulmanes como «mujer de amor» y, por relación de ideas, llegó a considerársele como hurí viviente), también coronada y con largos cabellos; ricas vestimentas, brial ajustado al cuerpo largo y holgado desde la cintura, que llega hasta el suelo y le oculta los pies; por los hombros lleva un gran manto que cubre casi todo el cuerpo y que recoge con el brazo derecho, y con el izquierdo saluda al recién llegado haciendo entrega de algún objeto. El jinete, vestido a la moda de la época, lleva botines con espuelas.

Ambos presentan silueta alargada y expresiva.

Un buen corcel tordo y con ricas monturas; muy adornada la silla de montar, en la que se puede apreciar la forma de la misma, con «alas» para aumentar la protección del jinete, y las riendas, «coll o collars», e incluso el detalle del estribo.

Flora ornamental, compuesta por sencillas ramas o arbustos de tallos finos y hojas lanceoladas; completan dicha escena pequeños pájaros estilizados.

Justas o torneos. Lucha de soldados o caballeros combatiendo (ilust. nº 7).

Las representaciones de lucha de seres humanos es muy antigua en cl arte y su sentido varía según el contexto. Quizás más que lucha sean ejercicios de preparación o entrenamiento, «luchas de gimnasio», pues no existe diferencia entre ambos personajes, ni en vestiduras ni en armamento. El tema de luchadores cuerpo a cuerpo no es muy frecuente en el arte medieval.

Los ropajes consisten en túnicas cortas de cuello redondo, ceñidas al cuerpo y brazos, ampliamente holgadas desde la cintura y llegando hasta las rodillas; mismo calzado: botines; su peinado consiste en larga cabellera ondulante. Utilizan las mismas armas a base de grandes espadas de doble filo con pomo redondo y travesaño cortó y escudos en forma circular con cuatro franjas oscuras, quizás representando los palos de la Corona de Aragón.

Están muy bien plasmados los movimientos de lucha por parte del artista. Parece como si ambos personajes quisieran salir de la superficie representada, por haber conseguido cierta sensación de movimiento en dichas figuras.

En esta escena el eje de simetría está representado por el árbol de la vida en forma de piña sencilla. Símbolo de gran riqueza y uno de los más extendidos, observando en dicho árbol el arranque desde el suelo presentando una especie de raíces, que posiblemente quieten indicar que dichas raíces se hunden hasta los infiernos y cuyas ramas tocan el cielo; pues el árbol significa centro del mundo y ascensión. El tronco ofrece curiosos detalles de las fases o evolución del crecimiento. A ambos lados los personajes descritos y como complemento sencilla decoración vegetal y pájaros.

Muchos investigadores ven representados en estas figuras a Caín y Abel, lucha y discordia en el enfrentamiento de los dos hermanos.

Dragón o quimera.

Esta figura ocupa la siguiente arquería, en gran tamaño, llenando todo el espacio; mezcla de reptil y mamífero, pues su cuerpo va recubierto de escamas y cola de felino. Rara y deforme cabeza con fauces abiertas, saliendo de la boca una larga lengua bífeda. Completa la escena sencilla decoración vegetal.  

Cortesana o reina y hombre en jardín ( ilust. nº  8).

Algunos autores ven en esta escena la representación de Adán y Eva, símbolo representativo de la humanidad y que se encuentran situados en el jardín del «Edén o Paraíso», que tocan la fruta prohibida del «HOM o ARBOL DE LA VIDA», representado en este caso por una palmera «áspera al tacto y árida en su corteza, a pesar de lo cual es bella y da buenos frutos». Esta versión gótica de Llíria es un buen testimonio de la ascendencia oriental de dicha representación, que aparece en los mosaicos de la Qubba de la Roca y en la mezquita de El Cairo de al-Azhar, así como en los manuscritos de la Biblioteca Nacional de París (Pijoan, vol. VII, pág. 747). El artista logra plasmar con todo detalle el tronco de la misma, ramas y frutos, y que hace de eje de simetría de toda la composición; disponiéndose a saborear la fruta.

La posición del cuerpo de ambas figuras presenta la típica curva o inflexión.

La indumentaria de la mujer es la misma que la descrita en las escenas anteriores: larga túnica o sayo de cuello redondo y manga larga, ceñido en la cintura, que arrastra por el suelo a un lado y otro de sus pies, llevando corona trilobada y largos cabellos semirrecogidos en la nuca y dejados caer sueltos por la espalda.

El hombre con túnica corta, «faldellín», de cuello redondo, ampliamente holgada desde la cintura y que le llega hasta las rodillas; calza botines; largos cabellos ondulantes.

El árbol del Paraíso aparece despejado de carácter bíblico, considerado tan sólo como «ARBOL DE LA VIDA», cuna del hombre, centro y eje de la tierra en lenguaje simbólico. Sus siete ramas simbolizan los niveles celestes y corresponden a los siete cielos planetarios.

Todas estas figuras o escenas, que por su indumentaria pueden ser consideradas de origen cristiano, tienen un significado en la mayor parte de la imaginería de dicho arte, dogmático o moral.

Completando la escena, decoración vegetal a modo de arbustos; dos tipos diferentes de plantas, una detrás del varón con hojas lanceoladas y la del lado de la mujer presenta hojas trifoliadas.

 Águila o grifo (ilust. nº 9)

Ultima arquería de dicho friso; híbrido poco claro, pues aparece un monstruo alado, cuerpo y cola de mamífero, cabeza de ave o reptil, plantado de perfil con pico monstruoso, grandes orejas levantadas hacia atrás, grandes garras muy desarrolladas en las cuatro patas, con la delantera derecha levantada, cuerpo cubierto de plumas o escamas y grandes alas.

Posiblemente su significado corresponda a la encarnación del demonio, pues muchos de estos temas habían ya pasado de Oriente al arte bizantino y de aquí al mundo medieval de Occidente.

Completa la escena sencilla decoración vegetal. Terminando con la misma la composición y descripción del friso.

FRISO N.º 2. - Este ha llegado todavía más incompleto (18), por lo que solamente hemos podido conocer tres de las escenas. Compuesto por arquerías trilobadas de iguales características que el anterior, representan distintas modalidades de caza:  

Jinete con halcón al puño (ilustr.10)

Escena de cetrería. Cuidadosos detalles representan al caballero montado sobre bravo caballo ricamente engualdrapado, sosteniendo en su mano izquierda y protegida por el guante propio de dicho arte el halcón, descubierta la cabeza de su caperuza, lo que indica que se le está preparando para emprender el vuelo o lanzamiento para conseguir la pieza de caza, y con la mano derecha sujetando las riendas (19).

Jabalí perseguido por perro de caza (ilust. nº 11).

Acosado por el perro huye entre peñascos el jabalí. Reflejados muy bien por la mano del artista los aspectos de ambos animales: el jabalí con pelaje erizado, queriendo mostrar con este detalle el movimiento de su carrera o el miedo por el enorme perro qué le persigue logrando darle alcance.

La escena la completan pequeños pájaros y en él fondo la silueta de un árbol, que posiblemente represente un ciprés por tener la copa alargada.

Jinete con bravo corcel (ilust. nº 12).

Completa la tercera arquería de este friso, que casi podemos decir que forman un todo, por la relación que encontramos entre ellas. El jinete con idénticas vestimentas y aspecto que el anterior, armado con una gran lanza, persiguiendo al jabalí.

Los colores representados son el negro, amarillo y rojo.

Los temas de venación fueron ciertamente gratos a nuestro arte desde su cuna y no es arduo seguirles el rastro, partiendo de las pinturas murales de San Baudilio de Berlanga o aquí en la techumbre de la Sangre, donde se halla el «leiv-motiv» del jinete halcón al puño, aunando cetrería y montería. Todas estas escenas son notables por sus figuras, pues constituyen documentos gráficos de la indumentaria de la época, y por la intensidad expresiva con que fueron trazadas. Situándose en unas fechas próximas a finales del siglo XIII.

FRISO Nº 3. - Friso existente en la actualidad y último de los localizados, conservándose «in situ» por encima de la bóveda nervada de la capilla de S. Antonio y S. Bartolomé, la segunda lado de la Epístola.

Sus dimensiones son las mismas que las vigas de la techumbre, 4'30 m. de largo por 29 cm. de alto. Sobre fondo rojo se desarrollan diecisiete escenas, bien figuras aisladas o formando grupos de dos, situada cada una de ellas dentro de arquerías trilobadas con motivos diferentes, donde lo narrativo o hagiográfico prevalece, y cuyas fuentes temáticas y estilísticas suelen derivar de la miniatura. Presenta buen estado de conservación.

Vamos a describir cada una de las diversas escenas, haciendo hincapié en las diferencias que guardan con las descritas hasta el momento, desarrollando las que constituyan motivos o temas inéditos:

Reina recibiendo a su caballero o amado (ilust. nº13).  

Escena que coincide con la que lleva el mismo título del friso nº 1. Unas ramas erguidas con hojas ocupan el centro; aquí el jinete sobre un hermoso caballo tordo sustenta en su mano izquierda un halcón, ave que como ya hemos visto aparece en otras escenas.

Lucha de soldados o caballeros combatiendo. Justas o torneos  (ilust. nº 14).

También esta representación coincide con la que lleva el mismo título del friso nº 1, a excepción de que el árbol de la vida está representado en esta ocasión por una palmera, y en los escudos redondos de los combatientes solamente en uno de ellos aparecen representados los palos de la Corona de Aragón.

Aves o halcones (ilust. nº 15)  

El eje de simetría está ocupado por una gran flor de lis de idénticas características a la que aparece en el escudo heráldico representado por toda la techumbre y que posteriormente describiremos; dos grandes aves dándose la espalda y con la cabeza vuelta, plantada de perfil con un solo ojo, presentan el cuerpo cubierto de plumas representadas a modo de escamas y con grandes garras.

En la decoración escultórica de San Pedro de la Nave, finales del siglo VII, en el Campillo (Zamora),en el capitel del transepto encontramos dos pájaros de espaldas y vuelta la cabeza, picoteando un racimo de uva.

Tema iconográfico que también tiene antecedentes en uno de los capiteles del claustro románico de Santa María de l'Estany.

Arpías. Animales fantásticos con cabezas humana femeninas (ilust. nº 16).  

Dos grandes monstruos mitológicos con cuerpo de ave, plumaje en las alas, cola de reptil y grandes garras, aparecen simétricamente enfrentados (20); de sus cuerpos salen largos cuellos entrelazados ambos y que terminan con cabezas femeninas con curiosos tocados, uno formado por un gorro «frigi» alargado y el otro similar al utilizado por algún personaje de los que aparecen en las pinturas murales con escenas relativas a la vida de santa Bárbara (21).

Completa la escena sencilla decoración vegetal de ramas unidas entre sí por su parte inferior, flores y pájaros.

Figura de reina y rey o pareja de enamorados o la cortesana tienta al hombre ( nº 17).  

Aunque también pudiera tratarse de una pareja femenina, pues en los ropajes de ambas figuras aparece dibujado el escote en el brial.

Con características similares a la que lleva el mismo título citada en el friso nº 1, llevan ambas figuras el brazo derecho levantado y los entrecruzan sujetando un pequeño disco, que bien pudiera ser como se ha mencionado anteriormente un espejo o crótalos, instrumento musical. que en este caso nos llevaría a identificarlas cómo cortesanas bailando, «bailarinas o danzarinas». O bien pudiera tratarse de espejos, que son símbolo de tentación, tratándose entonces de una interpretación «humanizada» del tema del viejo de la lujuria.

Cortesana y hombre (ilust. nº 18).  

La iconografía que presenta no había aparecido hasta el momento. Como eje de simetría aparece un árbol y a ambos lados cada uno de los personajes. En el femenino es de destacar el detalle del sencillo tocado de una cinta para recoger los cabellos (22); en cuanto a sus vestimentas, una túnica larga ajustada a la cintura, formadas por paños con elegante caída de sus plegados, que nos ayudan a conocer los modos de vestir, calzar (ya sean los chapines o chanclos de corcho, forrados de cordobán, para uso de las damas), e incluso peinar y tocados de la época. Coincide con lo descrito en otras representaciones; en la mano izquierda porta un pequeño objeto circular, que según dijimos pudiera ser un espejo o crótalos.

En cuanto al personaje masculino, aparece vestido con un sayón ancho y suelto que le llega por debajo de las rodillas. En su mano izquierda, protegida por un guante, sostiene un halcón.

Completa la escena sencilla decoración vegetal.

Centauro (ilust. nº19).  

Ser mitológico, constituido en su mitad superior de hombre, y que sujeta un arco del cual lanza una flecha; el resto del cuerpo aparece representado por un felino con grandes garras en sus cuatro patas, la delantera derecha levantada intentando dar sensación de movimiento; larga y ondulante cola. Figura interpretada por muchos estudiosos como «Sagitario» del signo zodiacal. El centauro siempre tuvo un papel negativo en el mundo cristiano, representando el adulterio o la concupiscencia.

En los capiteles del claustro de Santo Domingo de Silos (Burgos), también encontramos la representación del centauro en el momento preciso de disparar el arco.

Esta escena es la peor conservada.

Combate de san Jorge con el dragón (ilust. nº 20).  

Bien pudiera ser el titulo y significado de dicho motivo expuesto en la presente arquería, en la cual el soldado, vestido como en otras anteriores, sostiene en la mano izquierda un escudo apuntado sobre el cual aparecen ocupando todo el espacio los palos de la Corona de Aragón; la mano derecha, levantada, sujeta una lanza con gesto de lucha hacia el dragón (23) que se le enfrenta, representado en esta ocasión por una especie de león.

En el centro de la arquería aparece un árbol y completa la escena decoración vegetal.

Danza. Juglar y cortesana bailando (ilust nº 21).

En el centro, el árbol de la vida representado por una palmera que hace de eje de simetría. En el lado izquierdo aparece un juglar con un interesante instrumento de cuerda, antecedente del que hoy conocemos como violín.

La cortesana, con los brazos en alto por encima de la cabeza, sujeta al mismo tiempo con los dedos una especie de castañuelas «tarreñas o tejuelas» que producen golpes secos, que le sirven para acompañar musicalmente a su compañero, al tiempo que danza. Recordándonos la poesía medieval de los juglares o cantares populares, «Mester de juglaría», música instrumental que se asocia con el canto o la danza y que recuerdan antiguas costumbres musulmanas o supervivencias indígenas que se transmiten en las representaciones de la época; al mismo tiempo supone una muestra más del esplendor de la música en nuestra tierra (24).

A los lados de ambos personajes aparece decoración vegetal.

Arquero y grifo o quimera (ilust. nº 22).  

También aquí aparece un árbol como eje de simetría. En el lado izquierdo una figura masculina dispara una flecha de su arco contra el grifo que aparece frente a él, representado con una extraña cabeza, la cara frontal, con las fauces abiertas y figuración de dientes; garras muy desarrolladas en las cuatro patas y larga cola que describe una curva.

Completándose con decoración vegetal y pájaros.

Cortesana o reina y hombre (ilust. nº 23).  

Escena con idénticas características a la del mismo título del friso nº 1, aunque cambian su situación ambos personajes, y el árbol de la vida en esta ocasión está representando por un árbol figurado cuyas ramas terminan o adoptan forma de piña.

También aquí se complementa con decoración vegetal.

Dama coronada con dos peces, o sirena (ilust. nº 24).

Escena de idénticas características a la descrita en el friso nº 1, por lo que omitimos todo tipo de comentario. Esta variedad había sufrido una transformación realista en el período gótico, presentando la forma de los peces completa, tal cual aparece en estas dos representaciones.

Decoración vegetal rellena los espacio libres.

Justa o torneo.

Ocupando toda la arquería aparece la figura de un jinete dispuesto a lidiar en justas o torneos. Armado con lanza que lleva en su mano derecha (25), sosteniendo un escudo apuntado en su izquierda que ostenta los palos propios de la Corona de Aragón, heráldica que se repite en las gualdrapas del caballo, que va lanzado al trote.

Ramas y pájaros completan la decoración. Siendo de las que presentan peor estado de conservación.

Cortesana o reina y hombre.

El hom o árbol de la vida, representado en esta ocasión por una palmera que hace de eje de simetría; a cada uno de sus lados aparece una figura masculina o femenina, vestidos como en el resto de las representaciones descritas, con la diferencia de llevar ambos un manto holgado sobre los hombros que cubre casi todo el cuerpo (26), siendo el joven varón quien sostiene en su mano izquierda un pequeño disco, que como ya hemos indicado pudiera tratarse de un crótalos; el personaje femenino aparece con el pelo semirrecogido en la nuca y dejado caer suelto por la espalda por un curioso tocado formado por una cinta sobre la frente y sienes, atada detrás, y que aparece en representaciones citadas.

Completando la decoración sencilla decoración vegetal.

Escena musical ( ilust. nº 25).

Imágenes del ocio medieval, vida frívola de los juglares. Estos personajes del espectáculo ambulante de la Edad Media fueron censurados por la moral al uso, según expresa con toda dureza el ”Breviari d'Amor”.

El eje de simetría ocupado por un árbol; en el lado izquierdo queda representado un juglar con un instrumento de percusión que lleva sujeto por medio de una cinta, tratándose de un pequeño tambor colgando. La cortesana en esta ocasión se trata de una tañedora (27), pues lleva un instrumento de cuerda y clavijero en forma de hoz. Ambos personajes, por sus gestos, interpretando música popular.

Representación similar a ésta aparece en el capitel llamado de los juglares, del claustro de Santa María del Estany.

Estas representaciones resultan muy interesantes por ser una buena fuente iconográfica de instrumentación durante la Edad Media y escasas en España.

También aquí se completa la decoración con sencilla vegetación.

Arpia, animal fantástico con cabeza humana femenina (ilust. nº 26).

Figura de idénticas características a la descrita como escena nº 4 del presente friso, pero en esta ocasión solamente aparece representada una sola figura. Se trata de divinidades fúnebres mensajeras del Hades, encargadas de llevar las almas al otro mundo. Símbolo o alegoría de la culpa y el castigo. Son frecuentes en el arte decorativo medieval (28).

Además de la sencilla decoración vegetal, aparece completando la escena una gran rama con flores y frutos.

Cazador.

Aparece en el centro un verdadero árbol; en el lado derecho, un joven con arco disparando sobre un ave.

Resulta difícil su identificación por el estado que presenta. Terminando con esta escena el desarrollo del referido tablero

FRISO Nº 4. - Friso también existente en la actualidad, conservándose «in situ», lado de la Epístola, entre el quinto arco y la testería del templo; sus dimensiones idénticas al descrito anteriormente, al igual que el resto de las características.

Cuando fue localizado pensamos inmediatamente se trataba del nº 1, que ya hemos descrito; pero puestos de lleno en su estudio observamos que son idénticas sus características e incluso escenas, pero que no se trata del mismo pues la distribución de dichos motivos no coincide con ninguno de los desarrollados y conocidos hasta el momento.

También en esta ocasión omitiremos el desarrollo de las escenas que coincidan con las hasta ahora desarrolladas, limitándonos a aclarar sus diferencias y exponer las inéditas, según el orden en que aparecen representadas.

Escena musical.

Presenta muy mal estado de conservación, por lo que resulta difícil su descripción. Como eje de simetría aparece el árbol de la vida y a ambos lados personajes con instrumentos musicales de cuerda, recordándonos las descritas en el friso anterior.

Lucha de soldados o caballeros combatiendo.

Esta escena ya aparece en el friso nº 1 y también en el nº 3. Varían solamente los motivos plasmados sobre los escudos y los plegados que presenta el faldellín de uno de sus personajes. El eje de simetría está ocupado por una palmera.

Completando la escena, decoración vegetal.

Cortesana y hombre (ilust. nº 27).

El eje de simetría lo ocupa el árbol de la vida, representado por un sencillo árbol cuyas ramas tienen las mismas características que la decoración vegetal que aparece completando las diversas escenas del friso que estamos estudiando; ramas recogidas que adoptan forma de piña. La figura femenina lleva en su mano derecha un pequeño objeto circular, la mano izquierda apoyada en la cadera. Resulta curioso el tocado de la cabeza que ya fue citado anteriormente, tratándose de una cinta que recoge el cabello y va atada detrás.

El personaje masculino, con las mismas características que los ya descritos y con el gesto de recibir; siendo identificados como Adán y Eva.

Decoración vegetal completa la escena.

Este mismo motivo aparece desarrollado en los frisos n.º 1 y 3.

Personajes masculino y femenino a caballo (ilust. nº 28).

Ambas figuras con sus respectivos caballos.

Aunque los temas antropomorfos se han reducido a mujeres y hombres jóvenes, en esta ocasión en el personaje masculino hay que destacar la novedad hasta el momento de ser el único que aparece con barba y cabello corto, lo que le denota mayor edad.

Los caballos, ricamente engalanados.

Presenta mal estado de conservación.

Bien pudiera tratarse de una «Huida a Egipto», por la posible relación con las escenas que le preceden.

Cortesana o reina y hombre.

El presente motivo ya aparece en los frisos nº 1 y 3. El eje de simetría lo ocupa una palmera. El personaje femenino coronado “mitra”, sujeta con su mano izquierda un pequeño objeto circular.

El joven, aparece vestido con un suelto sayal y sostiene en su mano izquierda un halcón.

Presenta mal estado de conservación.

Virgen con el Niño (ilust. nº 29).

Resulta muy interesante la iconografía que presenta esta representación, además de ser escasa la proporción de escenas con personajes o motivos religiosos en la decoración dé esta techumbre.

Virgen con el Niño, símbolo de pureza, sentada en un sencillo trono; «Madonna» que presenta una nueva fórmula por la actitud del Niño, poco corriente, acariciando el rostro de su madre; ambos personajes con aureolas. A ambos lados aparecen unos jarrones con azucenas (29).

Presenta mal estado de conservación.

Crucifixión (ilust. nº 30).  

La figura de Cristo con el busto inclinado, corona de espinas y las mechas estilizadas, clavado en la cruz, hace de eje de simetría de la composición; en su lado derecho aparece la Virgen María con los brazos en alto y el cuerpo echado hacia atrás; san Juan con la cabeza ladeada aparece a la izquierda del crucificado llevando en sus manos un libro.

Los tres personajes con aureolas para denotar su santidad (30).

Escena musical (ilust. nº 31).

De similares características a la que aparece en el friso nº 3. El personaje femenino con los brazos levantados como interpretando alguna danza a los sones del tambor del juglar. El atuendo de los personajes presenta poca variación,  en cambio resulta curioso el detalle de la joven de aparecer con la cabeza destocada.

Completa la escena decoración vegetal.

Centauro.

De idénticas características al descrito en el friso nº 3, y al igual que éste presenta lamentable estado de conservación.

Cortesana y hombre (ilust. nº 32).

Esta escena rompe el esquema de aparecer enfrentadas por un eje de simetría la pareja de mujer y hombre. De idénticas características a las que llevan el mismo título, diferenciándose de ellas en lo reseñado anteriormente, además de ir la joven con un gran manto e intenta envolver con él al joven, siendo un motivo claro de tentación.

Pecado de la lujuria, que se alude por la pareja que realiza el abrazo amoroso.

La escena se completa con un gran arbusto formado por tres ramas que ocupa gran parte de la misma.

Cortesana o reina y hombre (ilust. nº 33).  

De idénticas características a las que llevan el misma aparecen en los frisos nº 1 y 3, diferenciándose únicamente en ir cubiertos ambos personajes por un manto holgado.

Cortesana y hombre (ilust. nº 34).

Coincide esta escena con la del mismo título del friso nº 3, sola­mente existe pequeña diferencia en la representación del árbol de la vida, pues en ésta aparece en forma de piña y aspecto del tronco.

Lucha de soldados o caballeros combatiendo (ilust. nº 35).

También este motivo aparece en los otros frisos. Ofrece la variedad en presentar a los dos combatientes con las espadas en alto, y la decoración plasmada sobre sus escudos.

Reina recibiendo a su caballero o amado (ilust. nº 36).

También ha sido descrita en los frisos nº 1 y 3, presenta idénticas características.

Dama con dos peces o sirena (ilust. nº 37).

Escena que ya aparece plasmada en los frisos citados, aunque en esta ocasión la cabeza aparece destocada y los peces representados en contacto pero sin cabezas, solamente las colas, motivo que contribuye a considerarla como sirena por tener sus piernas convertidas en peces. Este tipo de sirena es el que aparece representado en el románico.

También se completa con decoración vegetal. Siendo la última com­posición del tablero.

FRISO Nº 5. - Fragmento de friso con las mismas características que los desarrollados hasta el momento; reutilizado como pieza de relleno en los casetones (tablazón) de la 2ª crujía, 5ª entrecalle lado de la Epístola.

Está compuesto por dos interesantes escenas que conservan tanto el dibujo como el color. Su descripción es la siguiente:  

Arpías. Animales Fantásticos con cabeza humana femenina (ilust. nº 38 Izqda.).  

El eje de simetría de la composición está ocupado por una palmera, y a cada uno de sus lados confrontados aparece un animal fantástico con cabeza humana femenina. Las mismas figuras que aparecen descritas en el friso nº 3, escenas 4 y 16.

Se concedió gran importancia a lo monstruoso, fiel reflejo de la mentalidad medieval. La Edad Media fue unánime al responder que el mundo es un símbolo.

Completa la escena decoración vegetal.

Escena de cetrería (ilust. nº 38 Dcha.)

Que aparece más incompleta que la anterior. El eje de simetría está ocupado por un árbol en forma de piña; en el lado izquierdo aparece un joven que sostiene en su mano derecha un halcón y en la izquierda un bastón.

Completándose con un pequeño arbusto.

Posiblemente, frente al joven esté representada la figura femenina, que queda oculta tras la viguilla, como ocurre con la escena titulada “Cortesana y hombre” de los frisos nº 3 y 4.

El motivo de asignar a cada una de las escenas o representaciones el sencillo título aplicado, corresponde simplemente a ser considerada como la fórmula más ágil y fácil para su clasificación, y que nos ha sido de gran utilidad, ayudándonos a observar sus semejanzas y diferencias, remitiendo para mayor información a la primera representación que ha utilizado las características que se tratan.

Todas estas tablas, en mi opinión elaboradas y decoradas en el momento de su construcción, y tal como se ha expuesto aún se conservan buen número de ellas advirtiéndose varias manos de artistas, fáciles de reconocer, por lo que me arriesgo a considerar de la misma mano los frisos o tableros asignados con los números 1, 3 y 5; rasgos de las caras y pelo de sus personajes, al igual que en sus vestimentas y deco­ración vegetal complementaria. En cambio, los asignados con los nú­meros 2 y 4, han de ser considerados de otra mano por los aspectos desarrollados anteriormente.

 Tableros o frisos en forma de rectángulo, limitados por una doble línea fina de color oscuro -azul o negro- que contienen círculos blancos «perlado»,

2) Frisos del almizate (ver Cap. III B g).

 Un total de doce fueron los existentes en esta techumbre, de los cuales algunos han desapare­cido, otros han sido mutilados, y entre los que mejor se conservan están los siguientes:

Friso del almizate Nº1. - En cada almizate, adosados a las piedras de sillar de cada arco, se observan grandes frisos, cada uno de ellos formado por un gran rectángulo bordeado por pequeños círculos blancos «perlado» y en los extremos tres franjas rojas «gules», intercaladas de amarillo «oro».

Dividido en cuatro secciones por tres círculos «perlados», de mayor tamaño el central, que contienen tres hojas lobuladas, de siete lóbulos las de los extremos y de quince la central, en relieve y doradas, sobre fondo rojo las pequeñas y sobre verde la de mayor tamaño. (lámina II.)

En los cuatro espacios aparecen en cada uno de ellos un grifo o león, rodeados de exuberante vegetación. El fondo de la tabla es de color verde.

La figura del león o grifo, símbolos de fuerza, se utilizaron con fines a la vez mágicos y decorativos e indicadores de dos mundos heterogéneos: el sagrado y el profano. Defienden el recinto contra las potencias demoníacas.

El tema del león nos proporciona un ejemplo más de la transmisión de fórmulas a través del mundo musulmán. nacido de un tema asiático milenario: Persia o Siria; emigrando a Occidente merced a la unidad musulmana. Después de un dilatado recorrido en el tiempo y en el espacio, llegó a España, sobreviviendo un tanto paradójicamente en las tierras reconquistadas por los cristianos.

Muestras de esta influencia oriental, posteriormente llamada «mudéjar», se observan en nuestra iglesia de Santa María, pues además de las citadas pictóricamente aparecen otras en algunas representaciones escultóricas, «antecuerpos de leones», pequeños leones sentados sobre sus patas traseras: la superficie posterior está adherida al muro, la superior, plana, que encuadra y sostiene la cornisa que soporta uno de los bellos lucillos sepulcrales o urna funeraria de la capilla «Sableda-Be­saldú», de idénticas características a la de Costanza Bou, también del siglo XV, proveniente del convento de Santo Domingo de Valencia, hoy en el Museo de Bellas Artes de la misma ciudad.

Fue tradición oriental antiquísima el esculpir leones en las puertas monumentales. En nuestro templo también podemos citar los existentes en la portada de tradición románica, uno a cada lado, en donde arranca el burdo escarolado, y otro de mayor tamaño en la parte superior del arco de medio punto con triple arquivolta.

Friso del almizate Nº2.- En la crujía nº 5 aparece otro interesante friso, cuyas características generales son iguales a las descritas en el número anterior. Solamente nos limitaremos a reseñar las diferencias existentes entre ambos.

Dividido en cuatro secciones por un círculo «perlado» en el centro y la nueva forma originada por la intersección de un cuadrado y dos elipses, éstas a los lados sobre fondo rojo, que contienen una «roseta» en relieve y dorada.

En cada uno de los cuatro espacios aparece la figura de un león en posición rampante, rodeados de exuberante vegetación.

Friso del almizate Nº3.- Otro gran friso, y que conocemos por referencias fotográficas de archivo, fue instalado en la capilla-museo, dividido también en cuatro secciones por un gran círculo en el centro y dos estrellas de ocho puntas a los lados, que contienen una pieza tallada imitando una «roseta», con incisiones hasta el centro que le dan aspecto agallonado.

Las cuatro secciones van ocupadas de izquierda a derecha por la silueta de un gran felino, pudiéndose ver las vetas de la madera por haber perdido toda la policromía y preparación; la escena siguiente la constituye la figura de un centauro, creado a partir del hombre y del caballo, dos naturalezas distintas; es un motivo clásico. Las características que presenta la cabeza dan el aspecto de bufón o geniecillo de rasgos muy visibles, cubierta por un gorro «frigio» alargado y el cuerpo por una «gonella» con mangas ceñidas, disparando las flechas con un arco y posiblemente atacando al animal maligno o monstruo que le antecede. El resto de la figura, cuerpo inferior, corresponde a la de un león, por llevar garras y cola de felino, con la pata delantera derecha levantada. (ilust. nº  39.)

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La parte simétrica a la descrita tiene iguales características, variando los animales, pues está ocupada en primer lugar por un grifo, mezcla de ave y mamífero,  mostrando grandes garras, alas, pico...; en la última sección se observa un león en posición rampante. (ilust. nº 40.)  

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