Jesus Nazareno

        "Cofradía de la Sang"      Llíria

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JESUS NAZARENO
"EL NAÇARENO"

En el documento-inventario de los enseres saqueados, se detalla:

"El paso de la Calle de la Amargura, Jesús Nazareno, ejecutada en el año 1826, por su Cofradía. Sus lujosas andas fueron labradas en 1929 y su coste, 3.650 pts.".

La que venera actualmente la Cofradía de la Sangre, es una talla en madera policromada para vestir, de tamaño natural. Don Carmelo Vicent, fue su escultor, y fue realizada por un costo de 8.000 pts, según se hace constar junto al boceto firmado por este artista.

Fue donada a la Cofradía por Don Manuel Sornosa Collado.

"El Cofrade Don Manuel Sornosa collado, depositario que fue de la Cofradía durante varias años, ..., en unión de su esposa la virtuosa señora Doña Elvira Sornosa que sienten viva emoción por esta Cofradía, se comprometió a construir la Imagen de Jesús Nazareno con su traje para donarlo a la misma si aquella sufraga su correspondiente anda".

Posteriormente al ofrecimiento de Don Manuel, surgieron discrepancias en el seno de los Cofrades, al ofrecerse una persona a sufragar esta misma Imagen.

Después de varias propuestas, se decidió que el Sr. Sornosa, que fue el primero en ofrecerse y que ya tenia avanzado su trato con el escultor, fuera el que sufragara la Imagen de Jesús Nazareno.

Esta imagen, es paseada a hombros por 12 portantes, en las procesiones del Stmo. Cristo de la Sangre el Jueves Santo, y el Viernes Santo en la del Santo Entierro. Es la imagen que forma en 6 lugar en las procesiones de la Cofradía de la Stma. Sangre, y tambien acompaña a la Virgen de los Dolores en la procesión matinal del Viernes Santo.

Su actual anda, fue reconstruida en el año1.948 por Don Francisco Sambonet, siguiendo el mismo modelo de la que se destruyo en el 1.936, y que con gran esfuerzo había costeado la Cofradía a finales de los años 20.

Cumpliendo el compromiso adquirido con Don Manuel Sornosa, por aportaciones de multitud de Ciudadanos de Llíria, Cofrades o no se costeo el anda

Jesús Nazareno, se veneraba en la Iglesia de la Stma. Sangre, en la hornacina que tenia dispuesta en la segunda capilla del lateral izquierdo.

"¡Dejad paso, dejad paso a los reos!", chillaban los soldados romanos entre blasfemias y empellones, golpeando a la muchedumbre que se agolpaba en las estrechas calles de Jerusalén para ver a aquel condenado a muerte que arrastraba su cruz hasta el lugar de su ejecución en aquel primer Viernes Santo de la Historia.

Ahora nosotros en nuestras calles, repetimos aquel trágico paseo de Jesús, consagrado por la piedad y el silencio, cuando aparece la bendita imagen de Jesús Nazareno, precedida por la gracia y ternura de los niños nazarenos con sus crucecitas de juguete. Es esta imagen del Nazareno quizá la más común de todas las Semanas Santas de España.

Cubierto con túnica morada de terciopelo y bordados en oro en las mangas y el vuelo inferior, ceñida la cintura con un cíngulo dorado rematado en borlas. Su cabeza lleva corona de espinas sobre su larga cabellera de nazareno y unas ráfagas doradas nos recuerdan su condición de Dios. Un cordón dorado con borlas rodea su cuello, trasunto del soga con que los soldados tirarían de él cruelmente.

Su rostro es suficiente, pero no atormentado ni trágico. Este nuestro Jesús Nazareno parece un hombre que ha aceptado serenamente el sufrimiento, que conoce su destino fatal y lo acata con serena actitud y que parece reconfortado porque sabe que todo este sufrimiento no es baldío.

Las manos de este Jesús nazareno cogen una cruz cuyo peso cae sobre sus hombros. Sus manos parecen no hacer fuerza para agarrar el madero, sino palparlo, acariciarlo.

Su cabeza agobiada –la frente levemente perlada de gotas de sangre- parece suavemente ladeada como para mandar la mirada hacia los cofrades e hijos de Llíria que se agolpan en las aceras.

Sus pies desnudos quedan casi ocultos porque un bosque de claveles rojos y morados lirios que Llíria ha colocado con amor como un cascabel. Estos pies desnudos recuerdan –pese a la hermosa túnica con que la devoción popular lo ha vestido- la desposesión total, la desnudez radical con que Jesús se enfrenta a la muerte. Cuando mecido en las andas por el empuje de los portantes –con ternura de madre acunando a su hijo-, adivinase enseguida dónde camina. Marcha, naturalmente, hacia el Calvario.

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